Quiero empezar mi psicoanálisis

domingo, 12 de julio de 2020

¿Curarse de la castración?

                               

                   "A un análisis uno va buscando la completud y se encuentra con la falta".
Pedro Reyes Díez


           Una de las preguntas más complicadas de responder es sobre los efectos de un análisis, sobre todo a los que no son psicoanalistas. Los analizados, con el tiempo, pueden dar una respuesta a esto, que si bien es difícil de transmitir, les sirve por lo menos a ellos para entender algo del impacto de ese viaje.
          Lo que es seguro, como dice la frase, es que lo que uno va a buscar al analista no es lo que encuentra y aunque pese, es lo mejor para él y lo que podríamos llamar cura. 

          Es por eso que los psicoanalistas no prometemos nada, más que analizar justamente para que el sujeto haga consciente lo inconsciente y pueda aspirar a gozar de otra manera.

          Estamos acostumbrados a que muchos pacientes lleguen maltrechos después de haber pasado por especialistas de los que sí prometen. prometen con drogas, con el empoderamiento del yo, con posibilidades imposibles que implicarían que los sujetos dejarían de ser ellos. Así llegan llenos del discurso de los otros y a veces sólo saben recitar frases de libros de autoayuda intentando hacer propio lo ajeno y chocando una y otra vez contra su propio inconsciente que se expresa en cada situación, en cada acto. Encontrando sujetos culpables porque sienten cosas que se supone no deberían sentir intentando aspirar a ser lo que les dicen y olvidándose de ellos mismos.

          Cuando uno escucha se da cuenta de lo que promueven las curas milagrosas es una cura de la castración, cosa que es imposible, sabemos que se trata justamente de poder asimilar la castración, la falta y poder sobrellevar no ser completos en función de las características de la estructura de cada uno, su capacidad de simbolizar y demás. Pudiendo estar mejor con el agujero que todos tenemos dentro pero que es diferente en cada uno.

          Lo que sale caro es luchar contra la castración, comprando para ser completos, haciéndose adictos de consumo o adictos al trabajo, luchas constantemente contra uno mismo para sostener ciertos ideales que son más del "Otro" que de uno.

          Creo que se trata más bien de asumirse en falta, de aceptar que aun así uno vale, más que lo que intentan decir con la frase: "Valórate a ti mismo", que apunta más a un empoderamiento yoico que a asumir las cosas buenas de uno y las malas. Uno puede ir así construyendo una realidad más acorde con su deseo y con su identidad, a través de su "Sinthome".


Luis Martínez de Prado.

Psicólogo / Psicoanalista / Formador.
 
 
Director de: www.psicocatedra.es
Consulta: 34 686 77 41 39 / psicodinamika@gmail.com

Skype: psicodinamika Consulta online y presencial en Madrid. A domicilio

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jueves, 9 de julio de 2020

Lo que la mujer no tiene... ni el hombre: El falo.


                        


                           "En ocasiones cuando se dice que a la mujer no le falta nada, lo que se pretende decir es que tiene lo que no tiene (el falo)."

          Esta vez me gustaría aclarar algo sobre algo controvertido y polémico, como es el recorrido edípico que plantea Freud hablando de amenaza de castración, complejo de castración, envidia de pene; revisado por Lacan introduciendo la metáfora paterna.

          Los detractores del psicoanálisis tienen con esto la oportunidad de criticar al mismo y poner sobre todo a Freud por machista y misógino. Más aún a Lacan cuando dice una de sus espectaculares frases "La mujer no existe". Quizá ellos tienen su parte de culpa e incluso algunos psicoanalistas por equivocaciones de transmisión de estos conceptos. Lo que llama la atención de algunos discursos es que parece que se cuela lo que niegan, que cuando uno lo escucha, parece que dan la razón a lo que Freud se encontró. Intentaré explicarlo con mis palabras.

          Lo que se va a teorizar desde el psicoanálisis es que niños y niñas pequeñas van a quedar marcados inconscientemente por un falocentrismo. En algún momento, y por la carga biológica y la erogeneidad de la zona genital, éstos ponen el foco de atención ahí (quien todavía niegue esto que le pregunte a padres, tíos, abuelos, etc.). Mientras toso esto está aconteciendo se está formando la estructura psíquica con sus fijaciones y demás. La estructura que sepamos no se altera una vez creada, son como los cimientos, si se quitan el sujeto moriría, por suerte hay otros aspectos que sí se cambian.

          Con una realidad todavía muy reducida y la fuerza erógena que capta la atención, tanto de lo que tengo yo como de lo que tiene el otro-niña, el otro-mama, el otro-papá, se va estructurando el inconsciente en función de este tener o no tener, que si le agregamos la fantasía de completud de la que todos venimos (Ver: La castración: No querer renunciar a la completud), nos sale un cóctel que termina relacionando el concepto de "falta" con lo que uno siente que tiene y que lo puede perder y otra siente que lo perdió.

          A partir de aquí cada uno elabora su teoría infantil particular. El inconsciente queda estructurado de forma falocéntrica y la completud que se busca pero que nunca se encontrará se enganchará al falo, el cual no lo tienen ni él ni ella pero fantasean que lo pueden tener y conservar. Es que el falo no es el pene, por lo tanto ninguno lo tiene porque todos estamos en falta, no es que el hombre tenga lo que le falta a la mujer. No dice eso el psicoanálisis.

          Según como se asuma esto va a determinará buena parte de nuestra psique y lo que algunos llamarían salud mental. Pero hay posiciones que apuntan a defenderse de la castración y de la falta que tienen que ver con posicionarse como falo y ser deseado/a como tal (lo vemos en las redes sociales y se publicará pronto un texto al respecto), o bien posicionarse como que sí se tiene falo, apelando a la completud y a la negación de la falta. Por ejemplo cuando una mujer se afirma completa y que no se necesita a los hombres, que no sirven para nada y que las mujeres son mejores o como ellos.

          Ciertos discursos que se dicen feministas (y quizá lo sean), de ambos géneros gritan algo así como que a la mujer por supuesto que no le falta nada y que el psicoanálisis postula que es mejor tener pene que no tenerlo. En lo que uno dice se cuela su verdad y su falta como quien enseña su Ferrari como seña de identificación a lo machito denunciando sin querer donde siente él que tiene la falta. Cuando ponemos el foco en lo que pensamos que tenemos, lo que se cuela es lo que no tenemos. 

          Por eso me da la sensación de que estos discursos, muchas veces acusatorios manifiestan el inconsciente de quien lo dice, como si al promulgar eso que dicen que a la mujer no le falta, lo que están diciendo es que sí que tiene algo, y ese algo tiene que ver con la completud y la ilusión del falo. Esto puede volverse sintomático y presentar problemas a la hora de relacionarse y es que negar la falta estructural de cada uno genera bastante sufrimiento.

          El hombre también tiene su problemática al respecto, pero lo que hay que entender es que ninguno tiene el falo y a ninguno le falta nada. De eso se trata en un análisis, de atravesar esa fantasmática para poder vincularse diferente. Gracias a que Freud, que tuvo la idea de “escuchar” a los pacientes, se dio cuenta de que esto que él llamó angustia, complejo de castración y envidia de pene se colaba en lo que le contaban sus pacientes, intentando ver el origen y hacer entender que no nos falta nada salvo la completud que fantaseamos, que se anudará a diversos significantes como el falo.



Luis Martínez de Prado.

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domingo, 5 de julio de 2020

La responsabilidad de los padres: Vínculos bidireccionales


          La ética del psicoanálisis aboga por un sujeto responsable de su posición como decía Lacan, es lo que da sentido a que existamos los psicoanalistas, ayudando al sujeto a que haga lo que pueda con lo que hicieron de él (Sartre), teniendo en cuenta que ya viene insertado en un sistema familiar que no eligió y que marcó su vida.

          Hay que dejar claro que el psicoanálisis no culpa a los padres de la posición de los hijos para con su vida, lo intentamos dejar bien claro en: El psicoanálisis no echa la culpa a los padres. Escrito que fue necesario ante esa crítica fruto del desconocimiento y las resistencias de que parecía que el psicoanálisis responsabilizaba a las figuras parentales de los problemas de sus hijos. Desacertada, las figuras primordiales también tienen su propia historia y hacen lo que pueden. Nosotros además, sólo atendemos hijos, sólo que algunos son padres o abuelos.

          Lo que sí hay que dejar claro es que en este sistema familiar que se crea, previo al nacimiento, del cual poco puede decir el niño más que con sus síntomas, es tejido en función de la problemática de los padres que traerán a la vida a su nuevo objeto y como explicábamos ayer en: Narcisismo: Se cree el centro del mundo, según el lugar subjetivo que venga a ocupar ese niño y el intento de tapar la falta, encarnada en lo que sea (Salvar la pareja, dar sentido a su vida, vivir a través de él o permitir que ese niño construya su libertad y que eso signifique una satisfacción para los padres), ese infante tomará la castración de una determinada manera y chocará con el mundo real (exterior-exogámico) con más o menos conflicto.

          Me parece importante el párrafo anterior porque se habla muchas veces de hijos enmadrados, encadenados, no destetados, que miran, aun siendo muy adultos a uno de sus progenitores, enganchados sin poder tener éxito en lo profesional, no poder mantenerse a veces, vivir el deseo con culpa y con inhibiciones, repetir fracasos amorosos que “obligan” a retornar a las figuras que sí les quieren tal cuál son. Ellos son responsables de esa posición, sí, pero esa posición es posible porque del otro lado también hay una satisfacción. Es decir que el vínculo satisface a ambas figuras porque es bidireccional, de lo contrario no podría sostenerse. Al igual que el camello y el drogadicto, se necesitan. Pero los padres como los camellos tienen muy fácil seducir en este caso al niño que vive al principio la realidad a través de sus figuras más importantes. Lo explica muy bien la foto, tanto se satisface la madre amamantando como el hijo, pero poco puede hacer el hijo para salirse del deseo psicótico de la madre.
          
          Tendríamos que decir entonces que si todos somos responsables de nuestra posición, la posición de los padres repercute además en la de los hijos que luego podrán ser padres. Padres que suelen mandar al psicólogo a sus niños cuando se distraen en el colegio o cuando tienen síntomas. ¿Cuántos niños se medican erróneamente sin ni siquiera escuchar la estructura familiar? Los niños a veces simplemente son la pata que no soporta un sistema enfermo.

          Por eso siempre recomiendo a los padres que se preocupan por sus hijos que se analicen ellos, lo que tendrá efectos en los sistemas de los que son protagonistas. Que sean ellos los hijos que se analizan para hacerles mejor a sus propios hijos que tendrán la posibilidad de ser padres después.


Luis Martínez de Prado.

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sábado, 4 de julio de 2020

Narcisismo: Se cree el centro del mundo

          
 ¿Cómo puede creerse el centro del mundo?
Porque una vez lo fue.

          Somos el deseo del Otro dice Lacan, pero no sólo eso, o no es sólo esa su implicancia. Significa también que somos el objeto del Otro, pudiendo ser tomados con más o menos intensidad, cubriendo parte de su falta o convertirnos en un intento cuasi psicótico de taparla toda. Si podemos ser tan importantes no es de extrañar que nos sintamos importantes.

          En la infancia los niños apuntan a ser reyes y reinas de su escenario, todo se concentra en ellos, todas las miradas, son el centro del mundo, del mundo tal cual lo ven a través de la mirada de quien les desea con todo su corazón. Es así como se construye el narcisismo propio, necesario para ser sujeto, para sobrevivir y para entrar al mundo exogámico más allá de la unidad familiar. 

          Pero la entrada a la realidad viene encarnada en la castración y ahora ese rey o reina que nos creímos ya no merece por existir sino que ahora el amor hay que ganárselo. Esto será un choque que según los espacios que haya dejado ese deseo del Otro el sujeto tendrá más fácil o más conflictiva la asunción de una realidad en la que tiene que trabajarse su propio deseo para conseguir lo que antes lograba gratis. 

          No obstante uno siempre intentará repetir fuera de la familia lo que sintió de niño con los consiguientes choques con la realidad y el correspondiente sufrimiento. Sus compañeros de vida, de trabajo, amigos, pueden pensar: ¿Por qué se cree que todo gira en torno a él? ¿Por qué los demás tenemos que trabajar para él? ¿Por qué se cree el centro del mundo? Porque una vez lo fue.

          En el vínculo transferencial con el analista se jugará esta repetición, haciendo consciente eso de lo que el sujeto no se da cuenta aunque todo su alrededor sí. La palabra del analista en su interpretación podrá posibilitar un cambio que tenga que ver con que la persona pueda poner en juego ese narcisismo. Jugársela para conseguir algo de eso que fantaseó en la infancia, pero pagando sanamente el precio que corresponde. Un traspaso a la adultez que permite por fin ese éxito profesional que misteriosamente nunca llegaba, esa pareja soñada que es diferente a todas las de antes con las que se repetía lo mismo, cambiar su posición en esas discusiones familiares en las cuáles sentía que no le tomaban en serio, etc... 

          Si quieres leer más sobre narcisismo:







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domingo, 28 de junio de 2020

La desescalada psíquica

          


          ¡Por fin! ¡Llegó la hora de salir! ¡Se acabó el confinamiento! Las calles, las terrazas, los centros comerciales nos esperan y hasta las discotecas. A esto lo llaman nueva normalidad. Todos ahora, en lo colectivo, compartimos "lo que nos han dicho", se acabaron las prohibiciones y restricciones, al menos esas que comentábamos en: Confinamiento, coronavirus y conexiones psíquicas. 

           Entonces ahora todos estamos felices, ya todo pasó y el ánimo se torna alegre... pero no, claro que no es así. Algunos están tristes, apáticos, apagados, angustiados, con miedo, con síntomas, etc. No hay que sorprenderse por ello.

          Nuestra psique ha recibido un golpe, que en cada uno repercutirá y se expresará de una determinada manera. Después de un golpe no se vuelve a la normalidad, a lo anterior, ese golpe tiene un impacto que deja restos.

          Uno pensaría que una vez que termina el confinamiento termina todo pero en realidad empieza la partida en un nuevo escenario. Se han roto parejas y otras se han formado, han aflorado miedos que antes no se tenían, han aflorado traumas antiuos, han caído amos, certezas, incluso las de los científicos que aún no saben cómo funciona este virus ni cómo será el futuro. Para muchas personas, sobre todo las de riesgo, es más peligroso ahora socializar, para otros muchos la crisis económica deja un panorama de incertidumbre muy complicado. 

          La cuarentena nos obligó a una represión particular. Ya hablamos de economía psíquica y vimos que donde no podemos satisfacernos de una manera la psique encuentra otra. Por eso hay gente que ha vuelto a fumar, ganado muchos kilos o sintomatizado en el cuerpo, obsesiones o hipocondria. Para poder aguantar el confinamiento con este ejercicio de represión la mente tuvo que ponerse en una frecuencia particular que fuese funcional por ejemplo para la gestión del tiempo, aburrimiento, ansiedad, nervios y demás. Suspender ciertas funciones para activar otras. Ahora eso ya no sirve, habrá que cambiar otra vez pero mientras eso se lleva a cabo es normal tener sensaciones como las que comentaba al principio.

          Cada uno tendrá su desescalada particular y su nueva normalidad. Ojalá sea un buen momento para muchos para tomar la decisión de acudir al diván y explorarse evitando así quizá, dar algún bandazo que otro.


Luis Martínez de Prado.

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domingo, 24 de mayo de 2020

El sujeto reaccionario

          
El Pacifista de One Piece

"No conozco un motivo que haya abanderado más guerras, como la paz."

  Por más que las corrientes que evolucionaron, en mi opinión, desde la psicología del ego, hasta la autoayuda y demás de hoy día, intenten hacernos creer en un sujeto humano, equilibrado y bondadoso por naturaleza, solidario, caritativo, etc, nos encontramos con una naturaleza de mujeres y hombres diferente, con lo caótico, la destrucción, el rechazo a la otredad en el racismo, el consumo sin límites y la destrucción del entorno y del humano. Marcado esto por un egocentrismo de las personas que quizá haya sido enfatizado justamente por querer ignorar parte de la esencia humana y pensar que el ego todo lo puede (Ver: Matar la pulsión de muerte mata).

          Ahora en cada país afloran más las guerras de partidos y partidarios contrarios, hoy mismo llevo oyendo gritos de antifascistas, fachas hijos de puta, van a venir a quitarnos la casa, ladrones, etc... Curiosamente se profieren los mismos insultos de un bando a otro. Este autoproclamado "antifascista" tiene a toda su comunidad en vilo por lo que parece un brote violento que seguramente algo de la represión del confinamiento ha terminado de llenar el vaso. Su vaso, que tendrá sus frustraciones particulares que poco tendrán que ver con la política pero que se enganchan a ella por enlace falso/desplazamiento, porque la situación lo permite y porque siempre es mejor atacar al otro que hacerse cargo de lo propio. No se da cuenta él, que se queja de las agresiones de un ente o colectivo, que mientras lo hace agrede a los que están a su alrededor, habrá que ver cómo estarán los que vivan con él.

          Una vez yo dije en clase: "Es que no somos ni de izquierdas ni de derechas, somos del inconsciente". Recuerdo que una alumna volvió sobre esa frase porque le impactó, hoy la retomo aquí nada más para decir que el humano es simplemente humano, que no es poco, no es que sea ni malo ni bueno, no es que sus ideas no sean válidas, ni su ideología. Simplemente que la construye a través de identificaciones, deseos y expectativas ajenas, y en base a una realidad edificada sobre un mundo imaginario, no objetivo/realista. Ya de entrada decía Lacan que somos el deseo del otro. Algo de ese otro siempre estará en nuestras ideas, vocaciones, propósitos, etc. "¡En mi caso es imposible porque yo hice lo contrario de lo que quería mi padre y soy de ideología contraria a él!". Claro, justo por eso se demuestra la influencia del Otro, que ahoga tanto como para irse a lo contrario, que en realidad es una vuelta de lo mismo, una repetición diferente.

          En cuanto a la bondad y el civismo, no es no exista la solidaridad, amabilidad, así como el resto buenas actitudes, pero se construyen por la educación, que en cada uno es de una manera y produce resultados diferentes. Si hay que educar al sujeto es que la naturaleza humana, en principio, no entiende nada de educación. Como diría Freud, de cada etapa queda un resto que por más que se evolucione a la siguiente, lo que era de la etapa oral se puede manifestar en la sádico/anal por ejemplo.

          Para hablar de verdad de cómo somos las personas tendremos que ir, como siempre a la infancia. Veremos entonces que el bebé al principio no entiende ni siquiera de dualidad, es uno con su fuente de satisfacción, con quien encarne la función materna. Cuando aparece la insatisfacción y la frustración empezará a entender que hay un yo y un otro y cuando aparece un tercero la frustración será máxima y requerirá un trabajo de identificación para acceder al mundo de otra manera. Pero digamos que lo que nos constituye es que ya desde temprano el tercero sobra. El ello empujará por satisfacerse como pensó que se satisfacía al principio, luchará por el apartamiento de ese tercero de su realidad o de ese cuarto (Bien lo saben los padres que han tenido otro hijo, un hermanito después), quedando erigido un conflicto con el otro, que estará siempre, pero que repito, por medio de la educación, las socializaciones, análisis, etc, esta convivencia con el otro puede llegar a muy buen término. 

          Pero si no tenemos en cuenta el psiquismo real siempre nos sorprenderemos cuando la pulsión de destrucción llegue al río y veamos las tragedias de las que el humano es capaz. A donde no queremos mirar dejamos una vía abierta para que pase justo lo que queremos evitar.

          Recomiendo el libro de Wilhelm Reich: La psicología de masas del fascismo. Aquí primero le echa la bronca a los científicos y pensadores del momento por haberse sorprendido de lo que ya anunció Freud en Psicología de las masas y análisis del yo, de que cuando las personas se juntan en grupos y consiguen un objeto/objetivo enemigo, la pulsión de destrucción se conectará con él, apoyándose por supuesto en justificaciones conscientes: La raza, nos van a robar, son fascistas, judíos, comunistas, radicales... Pero nada de lo consciente importa, es que el conflicto con el otro está, desde el ello empuja y el yo lidia como puede para no volverse bárbaro. No se ayuda a esta tarea cuando desde los media se incendia a la gente, sólo hay que proporcionar un enemigo, marcar al diferente para que se creen dos bandos... y todos nos pelearemos por ideas que ni comprendemos y que, por lo que explicaba al principio, casi ni nos son propias. Por eso vemos los mismos resultados en ideologías contrarias, hasta en los más pacifistas donde, hay que eliminar a los violentos, o a los fascistas, lo mismo que Hitler con los judíos y con los diferentes. Cuando la pulsión sale sin límites, las personas tratan de eliminar a la otredad, que no haya nadie que goce de forma diferente a la mía porque me angustio, que nadie me perturbe mi fantasía de satisfacción total, que nadie me quite a mamá. Por tanto, las personas son reaccionarias en su constitución psíquica, siempre intentan volver a un estadío anterior y a veces lo consiguen, con la excusa que sea, incluso a través de la revolución. Es que lo inconsciente se cuela, le pese a quien le pese.

          Freud era bastante pesimista al final de "El malestar en la cultura." Yo pienso que un sujeto analizado bien puede entender algo de eso que le pasa y tratar de hacerse cargo de lo propio le facilitará mucho la vida con el otro y que a este pobre vecino puede romperle ese enlace falso y hacer algo con su angustia, echándosela en cara a los demás no va a disminuir.


Luis Martínez de Prado.

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domingo, 17 de mayo de 2020

Recrearse en el miedo: Covid-19

Imagen del telediario de TVE del día 14 de abril de 2020, conducido por la periodista Ana Blanco.


                  
           ¿Han pensado alguna vez qué harían algunas personas si no tuvieran algo a lo que tenerle miedo? ¿Conocen a gente que en más de una ocasión o de forma general buscan como sea un objeto al que temerle? ¿Se han quedado sorprendidos al escuchar a esa persona hablar de eso una y otra vez como si... como si lo necesitase? Nos preguntamos hoy entonces: ¿Qué pasaría con esas personas si desapareciese ese objeto temido?

           Teniendo en cuenta que todo lo que proyecta la psique y en lo que se proyecta tiene una función en la misma y esto no quiere decir que sea bueno en lo consciente, tendremos que pensar que tanto el miedo (y no hablo de su función biológica: Miedo) como el objeto que lo encarna tienen una razón de ser aunque parezca, en algunos casos estar fuera de toda razón. Tendremos que ir a mirar, como siempre, al inconsciente.

            Vimos sobre esto en el escrito: "Gozando de la queja", bien podríamos titular a este gozando del miedo y esto ya nos da una pista.

            Las satisfacciones psíquicas pueden producirse de muchas maneras y se van creando desde la infancia, digo que se van creando porque de alguna manera una vez que algo produce satisfacción deja una huella por la que para la siguiente vez que se necesite se seguirá el mismo camino. Se produce lo que llamamos una fijación. Ahora esa forma de satisfacción ya puede funcionar como un recurso, como una adicción, como una repetición. Por eso muchas veces son difíciles o imposibles de reconducir, pero para algo está el dispositivo analítico, para aprender a gozar de otra manera que le haga mejor al sujeto.

            En esta época, que es justamente de miedo vemos el virus y la pandemia monopolizan las conversaciones, las noticias y nuestras cabezas, me encantó por eso esta imagen. En algunas personas, que a veces las evitamos sólo por tratar de no deprimirnos comprobamos que necesitan hablar continuamente de eso y contagiar el miedo, más contagioso que el virus, como si de alguna forma lo necesitasen.

            En estos casos vemos como la pulsión de destrucción empuja hacia satisfacerse en torno a ese objeto temido sobrevalorado, que como sabemos se produce por desplazamiento. Pensar continuamente en ese objeto de miedo le permite a esa persona no pensar en otras cosas que le llevarían a la angustia: Frustraciones, asuntos de los que no se ha hecho cargo, o la angustia en sí. Podemos decir que la sobrestimación del objeto y del miedo que se padece es casi proporcional a la angustia que le espera si se deshace ese desplazamiento. Decimos casi porque, por supuesto, la función de este desplazamiento es evitar y reducir la angustia. Siempre producirá menos angustia el objeto nuevo que el originario (Igual que en las fobias). Para esto de cómo funciona el desplazamiento ver: ¿Cómo evitamos la angustia? El desplazamiento en la vida cotidiana. 

            ¿Qué pasaría si se rompe este desplazamiento? Que la persona tendría que hacerse cargo de lo que más le angustia, de que el Covid, el confinamiento, la cuarentena, la pandemia, etc, no era más que un señuelo para evitar algo peor. Se estaba sustituyendo algo propio por algo ajeno.

              Al no haber pasado por un análisis no se han dado cuenta de que es más caro sostener la mentira que hacerse cargo de la verdad, sólo que la verdad quizá conlleva una carga afectiva más intensa, al menos al principio. Por eso, en esta época de miedo y angustia donde muchos prefieren a veces, incluso apagar el televisor, otros prefieren recrearse en el miedo, ante la incredulidad de algunos que les escuchan que al final prefieren distanciarse. No llegan a entender que cuando desde lo externo se señala un objeto al que temerle, será perfecto para conectar en él nuestros miedos más profundos y que por más temido que sea siempre será menos tenebroso que nuestros propios temores.

              Atravesando su propio fantasma quizá uno pueda entender que los miedos son como la sombra que cuando se huye de ella se hace más grande pero que si uno la mira y le e pone luz resultó no ser para tanto.


Luis Martínez de Prado.


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