Quiero empezar mi psicoanálisis

domingo, 24 de marzo de 2019

No elijo nada porque nada me llena

          



          Este escrito nace tras haber escuchado numerosas veces la frase que le da título: "No sé que elegir", "Esto/él /ella no me llenan", "Es que nada me llena", "No quiero hacer nada", y muchos ejemplos que apuntan a lo mismo (Ya tratamos el tema de la elección en: Vocación y elección. ¿Dónde empieza mi deseo? 

          Últimamente hablamos mucho de la etapa infantil y la adulta (Al final todo se trata de narcisismo), la primera, donde todo se nos da o casi todo, de forma que el niño se permite construir una realidad en base a una fantasía proyectada que se mantendrá en la que será colmado en su deseo porque él lo vale, ¿Acaso podría ser de otra manera?, pronto va apareciendo la segunda, donde el amor ya no es incondicional, hay que ganárselo, ya no se le da por el mero hecho de existir sino que ahora hay que negociar con una realidad, antes sometida que ahora se revoluciona y somete sin piedad a los sujetos que la habitan. Esto implica una puñalada al narcisismo forjado de la primera etapa y manejarlo va a requerir poner en marcha todos los recursos psíquicos.

          Bien, se puede apreciar que en la realidad (o irrealidad) uno se siente lleno, en el sentido de colmado, no se siente apenas la necesidad porque rápidamente se satisface. Digamos que el sentido de la vida viene dado en tanto que no hay necesidad de preguntarse nada porque nada falta... aún. Cuando aparece la falta (y debe aparecer) las personas podemos sentir el vacío y la necesidad de, ahora sí, llenarnos, frente al ser llenados de la fase anterior. Este vacío es el que nos mueve a hacer cosas, trabajar, amar, ponernos en juego, lo que implica ceder y renunciar en nuestro narcisismo, es decir, donde hacemos algo para conseguir algo ponemos en juego nuestro narcisismo. Por ejemplo: Si me gusta una persona y voy a decírselo, me la juego, pongo en juego mi narcisismo que puede quedar herido si soy rechazado, si no hago nada, mi narcisismo se preserva. Este ejemplo se puede extrapolar a hablar en público, ir al gimnasio, estudiar, buscar un trabajo, amar (¿Por qué sino hay tanta gente que prefiere renunciar al amor?), etc... Se resume, como decía, en que antes nos querían por existir y ahora nos van a querer... o no, si hacemos algo.

          Sabemos también que el traspaso de una fase a otra no siempre se produce como debe, que algo de la fase infantil siempre queda y puja por salir, vemos en la consulta como pacientes por fin pueden revivir ese traspaso y por fin empezar a comprometerse con su deseo, poniendo el narcisismo en juego, que es lo que tiene que hacer un adulto. vemos grandes satisfacciones y realizaciones cuando uno por fin se atreve a hacer eso que siempre pospuso, que no se sentía capaz, cosas como exponer -se en público y que cuando lo hacía o lo intentaba sentía que le temblaba todo el cuerpo en esa lucha por mantener el status quo narcisista. De esta etapa anterior viene las frases de: Nada me llena, creo que a estas alturas se entiende bien: Es que nada nos va a llenar como nos llenaban en la etapa infantil. Ese vacío estructural, esa falta, del humano en la civilización siempre la va a sentir, es por eso que nos movemos, que hacemos cosas, que luchamos, que somos quienes somos, construyéndonos a partir de darle nuestro propio sentido a la vida para hacerla tolerable. El humano se mueve porque "le hace falta". porque la falta se hace presente podemos sentir felicidad, eso es lo paradójico, ¿No se han fijado en que mucha gente que está muy cómoda y colmada de casi todo parecen sujetos apáticos casi zombies? El deseo siempre se desliza y es deseo de otra cosa, donde consigo algo, esa falta sigue estando y deseo otra cosa. Ese es el motor.

          Cuando el adolescente, pero en España de casi 30 años dice: "No sé que elegir, que estudiar, en qué trabajar, etc.., porque no hay nada que me guste/llene", tiene razón, el problema es que seguramente vive con sus padres, es mantenido, le hacen todo o casi todo y la falta no le es presentada ni sufrida. De este modo muchas veces, o no eligen nada o eligen en base a fantasías narcisistas o al deseo de otro que les dice lo que "es mejor para ellos", como si alguien pudiese saber lo que es mejor para alguien, o no eligen nada y como en los ejemplos del principio no ponen el narcisismo en juego y se permiten quedarse en la fantasía "Si yo estudiase aprobaría", "si yo hiciese esto...", sin entender que elegir siempre conlleva una pérdida porque no están dispuestos a perder nada. El problema es que antes o después llega la falta, por ejemplo cuando mueren los padres y aparece la angustia, a veces inmanejable.

          por eso es importante el encuadre del analista en la consulta, para que el sujeto no pueda poner sus reglas en un dispositivo al que como a la realidad, hay que someterse, no al analista, sino al análisis propio, hay que hacer falta, para que el sujeto pueda extrapolar lo que construye en su análisis al resto de su vida, para poder amar y trabajar, para poder realizarse, para poder estar mejor. Hacer (Construir) falta para poder.


Luis Martínez de Prado.
Psicólogo / Psicoanalista / Formador.

Director de: www.psicocatedra.es

Consulta: 34 686 77 41 39 / psicodinamika@gmail.com

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domingo, 17 de marzo de 2019

Al final todo tiene que ver con el narcisismo

          


  
"La diferencia entre el ganador y el perdedor es que el ganador está dispuesto a perder".




          El narcisismo es un concepto fundamental del psicoanálisis, cómo se construye, cómo afecta, sus padecimientos , etc. Fuera del psicoanálisis y de la psicología se ha tratado también como palabra que se pone de moda tergiversandola, transformándola y casi creando una cosa nueva. En realidad narcisismo es un concepto concreto y son sus abordajes los que varían el ángulo de visión a este término, y si Nietzsche decía que la palabra mata la cosa, habrá que cuidar que la moda no mate la palabra.

          El narcisismo propio es fundamental y obligatorio para la formación del sujeto. El narcisismo lo construimos con el deseo del Otro, es decir, se nos desea y se nos llena de amor, se nos erotiza y así se construye nuestro yo y se significa nuestro cuerpo. Cuando tenemos un hijo y lo besamos, lo hablamos, lo tocamos o le decimos "¿Quién te va a comer a besos?" Estamos inyectando el deseo con el que el yo del sujeto erige su narcisismo, sin esto, el sujeto no podría vivir. Esta mezcla es la que va a hacer que después el sujeto se presente al mundo de esa manera en la que le desearon (Ver: Somos como nos quisieron). Es decir, cuando se nos inyecta ese amor-deseo-narcisismo se nos hace queribles y deseables al mundo.

          Hasta aquí ya podemos entender que el narcisismo, por más que se haya estigmatizado la palabra, es obligatorio para que el sujeto devenga sujeto. Eso sí, este narcisismo se empieza intensamente a construir en una escena don de la falta aún no existe, donde el bebé aún puede fantasear que lo tiene todo, a diferencia de lo que luego será la vida adulta. Es decir que en esta época aún se es el príncipe de la casa, se come cuando se quiere, se duerme cuando se quiere y se hace pis y caca cuando entran las ganas y donde toque. Con lo cual ese narcisismo es parte de una realidad que pronto será irrealidad. Empieza un proceso a través del cual el sujeto tendrá que empezar a entender que no puede tener todo ni podrá, que las cosas no son lo que él quiere ni lo serán y que ni es príncipe ni será rey además de que ni los reyes están exentos de ser seres incompletos que tampoco pueden tenerlo todo (Muchos adultos como habrán visto no entienden todavía esto o no pueden soportarlo, todo viene de aquí). 

           En el atravesamiento del Edipo, entre los 3 y 6 años aproximadamente es cuando el sujeto va a entender eso de que todo no se puede (la castración-estar en falta de la que habla el psicoanálisis), aunque será una lucha de por vida. De esto entre otras cosas dependerá el que, como decía Freud, el sujeto sea neurótico en el mejor de los casos. Neurótico querría decir que la psique del sujeto sufrirá por no poder tenerlo todo (los sujetos normales). En definitiva, esta aceptación marcará nuestra salud mental y nuestra felicidad.

          Es que volviendo a la primera explicación, este narcisismo que nos construyó se tambalea ahora que el mundo le da un mensaje distinto del que se había formado. Donde antes era todo gratis, ahora hay que esforzarse, hay horarios, hay que ir al baño cuando le dejan, el amor incondicional ahora es condicional, se enfadan cuando no se hace lo que el otro pide. difícil tarea para todos los padres que donde llenaron el globo de amor, por amor, ahora deben pincharlo un poco para la propia supervivencia de este fruto que les convoca directamente ante sus propia concepción de esta falta, sus vivencias y sus estrategias para aceptarla. Por eso no nos extrañe que afloren tantos síntomas cuando se tiene un hijo.

          De ahí que ahora se hable de "Trastornos narcisistas", nosotros lo tratamos en: Enfermos del yo I. La llave de este escrito es tratar de transmitir eso, esa lucha con la que el sujeto de la cultura tiene que lidiar, con la que se construirá su estructura psíquica (Ver: ¿Somos todos neuróticos? ¿Qué es ser neurótico?. A partir de aquí podremos ver esta lucha en lo que le pasa a los sujetos cuando no consiguen lo que quieren, fracasos, desengaños, rupturas amorosas que no consiguen olvidarse, rabietas, etc. El amor adulto no es como el amor infantil, este nuevo amor se puede perder, nos pueden amar y dejar de amar, nos pueden desear o no. Esta nueva realidad nos pide que renunciemos a los objetos, de todas formas ellos pueden renunciar a nosotros o podemos perderlos y a la realidad le da igual como uno se lo tome. Ese sufrimiento añadido tiene que ver con esa renuncia narcisística que o se quiere hacer, como si el sujeto dijera: "Esa no es la vida que compré" o "Esto no es lo que me vendieron" y no se equivoca, porque además ese niño que fuimos siempre está en el inconsciente dando por hecho esa primera realidad que se pudo fantasear.

          Lo veremos también en todas estas personas con problemas para comprometerse ya sea con personas o con su deseo, porque ahora para conseguir lo que se quiere hay que trabajárselo, estar con alguien conlleva ceder y por tanto renunciar a parte de nuestro narcisismo. Así vemos sujetos infantilizados que piensan que pueden gastarse todo el dinero y endeudarse y no pasará nada, que pueden ir a 200 km por hora y no les pasará nada, que pueden casarse e incluso tener hijos sin consecuencias y sin renunciar a nada; como un mono con una navaja, son las creencias infantiles que tuvieron aplicadas a una realidad que ya no es de juguete. 

          En una sociedad infantilizada como la de ahora, veremos por ejemplo como se piden reconocimientos que no se ganaron o remuneraciones que no se trabajaron y la angustiante sorpresa cuando no llega lo esperado. Y desde fuera uno piensa: "¡Pero era obvio que se iba a estrellar! ¿Cómo pudo no verlo?" Era su propio narcisismo lo que no le dejaba verlo, veía la realidad a través de los ojos infantiles sin haber podido construir los adultos que le permiten conseguir objetivos reales, los que piden un compromiso con ellos y con la realidad, los que convocan al sujeto a ser sujeto, lo que se trata en un psicoanálisis: Aceptar la falta, renunciar a lo imposible, en el amor, en lo laboral, en lo anímico, en definitiva, que el sujeto pueda estar mejor combatiendo ese plus de sufrimiento innecesario que ya no tiene que ver con la realidad sino con nuestra propia herida narcisística. Entendiendo esto es cuando después podremos hablar de trastornos, estructuras, síntomas, inhibiciones, angustia, etc... seguiremos con el tema.



Luis Martínez de Prado.
Psicólogo / Psicoanalista / Formador.

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domingo, 28 de octubre de 2018

¿Falta de compromiso?

Fuente: https://www.quesignificamisueno.com.ar/2016/10/significado-sonar-cadenas.html
                                                        "La falta de compromiso es compromiso con otra cosa"

          A los que están familiarizados con el lenguaje psicoanalítico los conceptos de falta, castración, Edipo y demás les sonarán y resonarán en lo cotidiano. A veces es muy sencillo entender este tipo de conceptos en la gente que tenemos alrededor, amigos , familia, compañeros de trabajo, incluso nosotros mismos con análisis mediante si las resistencias nos lo permiten. 

          La frase de arriba dice algo paradójico, que la falta de compromiso implica compromiso. Yo diría que hay dos tipos de compromiso, el que es hacia atrás (hacia lo infantil-el otro) y el que es hacia adelante (hacia uno mismo). vemos muchas personas que tienen un deseo hacia adelante, por ejemplo, estudiar esto o esto otro, adelgazar, lanzarse a hacer esas cosas que soñaron, pero por alguna razón, como si una fuerza les tirase hacia atrás no consiguen ponerse a hacer eso que dicen que quieren; surgen resistencias, miedos, negaciones, no se quiere pagar el precio que eso que quieren implica. El tránsito desde la inseguridad -vacío hasta la seguridad del deseo-éxito parece impenetrable. 

          Es en estos casos donde se hace patente ese compromiso con lo infantil, con no salir de la zona tan llamada "de confort", que yo prefiero llamar escena infantil que protege nuestro narcisismo primario y nos permite seguir cómodos porque nada se pone en juego. El problema de esto es que así se construye una sociedad del miedo donde se hace mucho más difícil autodesarrollarse, ser profesional, construir una familia, etc...

          Lo vemos sintomáticamente en las histéricas e histéricos, que por no abandonar ese compromiso con papá y mamá, ese amor infantil, no pueden comprometerse y amar de forma exogámica. Por eso el compromiso hacia atrás: Para estar con otro tengo que dejar a papá y a mamá y dejar de ser niño/a.

          Lo escuchamos en el discurso de quien dice "es que no me llena nada", "Este trabajo no me llena", "Esta pareja no me llena", etc.., como si el mundo tuviese la misión de colmarles. No les llenan porque ya están llenos de otra cosa, lo que les llena es lo infantil, como a todos, porque es la época en la que estamos colmados, pretender que de adultos todo siga igual es una utopía, el ello presiona para completarnos, pero como decía Freud: "Donde todo era ello el yo debe advenir", o sea, que como siempre decimos, la madurez consiste en asumir que estamos en falta y que nada será igual como lo que fantaseamos cuando eramos los príncipes de la escena. Entender que para llenarse hay que vaciarse primero y que no se trata de ser llenado sino de que hay que dar mucho, muchísimo a algo: Una amistad, una profesión, un Hobbie, una pasión para recibir algo es darse la posibilidad de comprometerse con el deseo. pero primero hay que abandonar el compromiso hacia atrás o lo que es lo mismo madurar.

          Si tuviera que enumerar los hechos que se dan en un análisis ante esa pregunta tan difícil de contestar: ¿Para qué sirve un análisis? Diría que uno importante es cuando la persona consigue hacerse cargo de su deseo, hacerse cargo porque el deseo pesa, y hacer por fin eso que estaba en sus sueños pero despierto. Estamos acostumbrados a que se valore el éxito y no el trabajo y el sacrificio, por eso vemos continuamente gente que dice: "Yo amo eso o lo otro..." pero lo aman cuando no cuesta, en el momento que hay que trabajarlo sin una promesa de éxito o de reconocimiento por parte de los demás, mucha gente renuncia sin más y uno se pregunta extrañado por este hecho. Es fácil, el compromiso, el amor, implican trabajo y sacrificio, implican renuncias. El compromiso se trabaja, con las personas y con las elecciones que uno toma, sino sería demasiado fácil... Nosotros mismos somos el obstáculo más difícil de sortear para ser eso que queremos ser pero no solemos darnos cuenta si no pasamos por el diván, donde el inconsciente se manifiesta y se hace consciente, nos conocemos y podemos avanzar sabiendo un poquito más de quienes somos. Romper la cadena que tira hacia atrás depende de ti.

Luís Martínez de Prado.
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domingo, 4 de marzo de 2018

La histeria III: La coleccionista



                                                              

                                          "No puedo pensar  en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de protección de un padre"

Sigmund Freud.



               En los anteriores escritos sobre la histeria (La histeria I: La mirada que me permite mirar hacia atrás y La histeria II: Derribando los muros del hombre para sostener a otro), hablamos de como la personalidad histérica vira constantemente hacia atrás para transgredir el edipo y quedar enganchada a la figura paterna. Para conseguirlo tiene la opción de varios mecanismos en juego y como en una partida de ajedrez, distintas piezas a las que sacrificar para lograr su objetivo.

               Hay que entender que la relación histérica-padre hay dos vías de enganche, una seducción paterna y una querencia inherente a fijarse al padre además de una respuesta a esa seducción. Es decir, como todo sujeto, vamos a intentar quedarnos con aquello que no pudimos, con esa figura que no se puede, pero toda figura que no se puede tener también quiere romper el edipo y tener a quien le quiere tener. Donde esto se dispara y el padre muestra la necesidad de quedarse con ese objeto, dicho objeto, que viene de serie con esa querencia se hará adicto a esa mirada que le desea. Como decía hay una reciprocidad y una seducción bidireccional. Lo paterno en estos casos puede disparar la histeria y como el camello generar una adicta a él mismo, lo cual colma el narcisismo de él. La psique no da puntada sin hilo y en todo síntoma, conducta, etc, hay que preguntarse por la historia y la lógica de lo que está pasando.

              Decíamos entonces que hay varios mecanismos para llevar a cabo este encuentro edípico una y otra vez. Hoy hablaremos de "la coleccionista". Sí, no siempre será "la", no están libres los hombres de hacer eso, sin embargo, como la histeria, va a ser más habitual en las mujeres ya que los hombres tienen una estructura y conductas más obsesivas.

               ¿Qué es lo que va a coleccionar? Como siempre miradas, miradas de deseo, esas donde el narcisismo se infatúa como si fuese un tanque de gasolina que se va llenando y la aguja sube al máximo nivel. Todos queremos ser deseados, obviamente. El tema está en como cada uno se pone en juego para conseguir esas miradas y el precio que está dispuesto a pagar, vestir con poca ropa, ponerse el pelo verde, comprarse un Ferrari, subirse a bailar en una plataforma, convertirse en el mejor en algo, etc...

               En este caso la persona se va a rodear de miradas de esos hombres (también mujeres a veces pero juegan otro papel en la escena) que las quieren "tener", que las desean y se desencadena ese proceso que llamaríamos el cortejo y la escena de seducción por parte de los dos. pero surge un problema. La histérica no busca el deseo hacia adelante sino hacia atrás, no quiere tener a ese que le quiere tener y que se esfuerza en seducirla porque ella volver con papá. Las miradas de deseo producen una satisfacción en ella, en su narcisismo, por eso las quiere, porque entre otras cosas le ayudan a sobrellevar la renuncia al deseo hacia adelante y porque le demuestran que ninguna es tan potente como la de la figura que inconscientemente ama, las necesita, por eso las busca, y e aquí la confusión. Aquí es donde esos seductores se convierten en eso que llaman ahora "pagafantas", porque ante la insuficiencia de sus actos para conquistar a la histérica sienten que deben dar más, darlo todo si hace falta, porque el carácter obsesivo-masculino simplemente funciona así, si con dos no vale subiré a cuatro, a ocho, a diez, a todo... pero la histérica necesita su deseo insatisfecho como en aquel sueño que analizaba Freud donde la frase que sustraía era: Quiero caviar pero no me lo compres". Donde se juntan la imposibilidad del obsesivo con la insatisfacción de la histérica pueden pasar muchas cosas, incluso una pareja que funcione, aunque cueste creerlo, pero donde el síntoma desborda, aparece la angustia, no puede ser de otra manera.

               Así, la histérica coleccionista puede rodearse de uno o de muchos hombres que "no la pueden tener" para ella prometerse con el padre y repetir una y otra vez fracasos amorosos que parece que justifican que nadie la va a querer como él. No se equivoca, y es que lo edípico es tan inmenso, como todo lo infantil, que nada le hará sombra nunca, pero que atravesando el edipo y sabiéndose en falta es cuando podrá construir algo real. Sí, real, porque la trampa de todo esto es que al padre ni le tuvo ni le podrá tener nunca tampoco, sólo tuvo la fantasía de un imposible al que se hizo adicta. Luchará contra la realidad una y otra vez y conscientemente se preguntará qué demonios les pasa a los hombres, por qué se le repite siempre lo mismo, por qué se enamora de quien no le quiere y desprecia a quien sí, por qué se lleva mal con otras mujeres, que por supuesto detectan esto y la rechazan, sobre todo las novias de amigos y conocidos que se percatan de esta red seductora masiva como si de una de pescar peces se tratara y ven peligrar sus relaciones; pero inconscientemente tendrá todas las respuestas de preguntas que son para ella misma y no para el otro.

               Con eso se encontrará en un análisis, con ella misma y con su repetición, y rompiéndola podrá construir hacia adelante eso que anhelaba reconciliándose con la realidad.

Luís Martínez de Prado.
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jueves, 15 de febrero de 2018

Psicoanálisis y amor: La conmoción del narcisismo



                                                                                              "El que ama, se hace humilde. Aquellos que aman, por decirlo de alguna manera, renuncian a una parte de su narcisismo".
Sigmund Freud.



               Siempre se trata de un problema de amor y con eso trabajamos los psicoanalistas, con una problemática que pone al sujeto en juego, porque en cuanto hay un otro/s el sujeto está en juego y lo que se pone encima de la mesa es el narcisismo. Todo el mundo sabe de amor aunque quizá saber es demasiado pretencioso, pero lo que sí sabemos es que todos hemos vivido el amor, es más, todos vivimos de amor porque eso es lo que nos hace sujetos... sujetos al amor entonces en tanto que somos el deseo del Otro, que no es poca cosa, el Otro nos desea, nos ama, nos trae y nos da vida. Con este deseo se construye el deseo propio y se nos erotiza haciéndonos queribles y amadores hacia adelante, hacia el mundo de afuera del Edipo. 

               A través de este baño de amor se construye también el narcisismo, necesario, con todo lo anterior para ser sujetos, personas, para estructurarnos. 

               O sea que el amor nos erige pero pone en juego lo que el amor nos ha proporcionado que es la inyección de narcisismo. Es lo mismo que decir que el amor desestructura, "nos mueve el piso" dirían los argentinos. No se me ocurre mejor expresión para ese impacto en el inconsciente que es el enamoramiento. Sí, un impacto a un nivel que se escapa a la consciencia, lamentablemente, por lo que parece, para los que quieren sostener que el amor de alguna forma se determina por lo consciente queriéndole otorgar al yo de un poder que no tiene. Por tanto, el enamoramiento no se elige, se maneja como se puede pero no se elige.

               Por todo esto la problemática del sujeto aflora cuando entra en la escena del amor, nadie se libra de esto, nadie se escapa. Pero como siempre al humano le cuesta aceptar "la falta", su incompletud que siempre está de manifiesto pero que con esto del amor , que nos deja en pelotas, queda a la vista de todos. La teoría tampoco deja de ser víctima de las desesperaciones de sus autores y encuentran lo que el sujeto anhela, anhelo compartido en comunidad, no sufrir de amor... qué sino. 

               De esta forma se tergiversan filosofías ascetas, orientales, budistas, etc, para fomentar amores donde el narcisismo no se pone en juego. Es decir, el amor debe ser ideal, una escena de amor donde las dos personas van de la mano pero no aparecen miedos, reclamos, celos, tambaleos, que es justamente lo que el amor implica. Plantea a dos sujetos totalmente "equilibrados", fuertes, donde no pasa nada y lo que pasa se resuelve porque nada del narcisismo se conmueve, nada duele porque "yo estoy entrenado y trabajado para no sufrir". La trampa de esto es que lo que se fomenta es una pareja donde cada uno se mira a sí mismo en vez de mirar al otro y hacia adelante, se transforma en un amor a uno mismo no en un amor a la pareja, lo cual implica miedo inevitablemente porque depende de que el otro te elija... cada día y puede, en un momento no elegirte más.

               De la misma forma parece que se obliga al sujeto a ser un espartano del amor, no debe sufrir porque no pierde nada, porque uno es su media naranja y la otra, uno debe ser completo, no necesita nada ¿Entonces para que una pareja? Según esto sólo cuando el sujeto está lo suficientemente completo es cuando está listo para una relación. Cuando el realidad el sujeto puede amar cuando sabe de su incompletud, ama porque está en falta.

               El amor debe ser libre, porque sino no es amor, pero desde las tendencias teóricas que capitalizan hasta el amor y el deseo, encarcelándolo paradójicamente, se clama por una libertad perversa, donde el otro no puede ocupar un lugar en nosotros porque entonces nos desestabiliza, nos rompe la completud, nos desnuda y nos castra. Y de eso no se quiere saber nada. El mensaje perverso fetichista del capitalismo nos invita a usar al otro como una muñeca o muñeco inflable y a una masturbación compartida. hacer el amor, pasa por otros derroteros.

               Y esto no sólo se cuela en el amor sino en todos los aspectos de lo social, las amistades, lo laboral, la educación, el consumo, etc... No por nada la sociedad a pasado a un individualismo supremo que a veces parece derivar en autismo, en no poder conectar con el otro, lo cual altera totalmente el proceso que explicaba al principio.

               No negamos por eso las patologías del amor, cuando lo posesivo se vuelve sometimiento, los celos cortan las alas o cuando el maltrato aparece en escena. Seguiremos hablando del tema. Pero negar lo que el amor implica implica matar el amor. Normalizar el amor es como pretender cuantificar el deseo, aún así lo real aparece siempre y nos golpea. Afortunadamente en el amor somos vulnerables y eso es lo quenos hace amar y ser amados, como decía una frase en aquella canción: "Esa sonrisa tan rara"

               Pronto se colgará por aquí el audio de la conferencia: Psicoanálisis y amor: Somos como nos quisieron, que hace referencia al texto de mismo nombre: Somos como nos quisieron.


Luís Martínez de Prado.
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lunes, 5 de febrero de 2018

Madurar es aceptarse

               


          En la clase de la semana pasada un alumno me decía esto: "Es que a un psicoanálisis uno llega buscando la completud y se va con (encontrando) la falta."

           No pudo estar más acertado. Entendemos así que el paciente no viene a curarse, viene por un problema con el goce, que ya no compensa la angustia y quiere una solución para poder seguir gozando. Todo esto acentuado por el imperativo de goce que reina ahora que instiga desde fuera y desde el propio superyó a gozar con la amenaza de ser excluido/no querido.

           Pero el imperativo de goce/completud viene más de dentro que de fuera, el mensaje externo sólo se emite porque los oídos del inconsciente están deseando escucharlo. El humano, desde su deseo inconsciente quiere la satisfacción plena, infantil, sí, pero eso no importa, se rige por el principio del placer, es a través de la inserción en la cultura donde el principio de realidad se adherirá a la forma de vincularnos con el mundo y con nuestro deseo. No es que renuncie al placer, es que ahora lo obtiene como adulto, entendiendo que conlleva algo a cambio. Este traspaso implica aceptar la falta, que no taparla con objetos. Esto es lo angustiante y el paso de madurez que todo sujeto debe hacer, el precio de no hacerlo es el sufrimiento de la derrota continua contra la realidad. Ésta no entiende del imaginario de cada uno sino que pone a cada uno en su lugar. La realidad manda como una ley implacable.

           Desde otras corrientes se actúa para sofocar estos intentos de completud del inconsciente... dándole lo que quiere, la creencia de que todo es posible, de que todo se puede, en definitiva de que se puede tapar la falta, de que el humano puede ser completo, una mentira que es justo de lo que el paciente viene enfermo. La ganancia inmediata es la disminución de la angustia, la consecuencia es la promesa de la caída futura, del golpe de realidad.

           Esa es una arista de la ética del psicoanálisis, que rompe la mentira de que el sujeto es superman para que pueda aceptarse como Clark Kent (No se confundan, Clark Kent es débil solamente si se le compara con Superman, con lo imposible) y ser feliz. Porque sujetar la mentira de Superan (completud) puede salir muy caro al sujeto. Conlleva sostener como un equilibrista algo que está condenado a caerse a través de síntomas, comprarse coches carísimos, drogas, psicofármacos, etc... Heredándose además hacia los hijos que tomarán ante la angustia las soluciones que ven de los padres.

           Analizarse puede ser la forma de que un sujeto entienda que renunciar a imposibles le puede permitir disfrutar de lo posible, madurar en definitiva y pasar del principio de placer al principio de realidad.

Luís Martínez de Prado.
Psicólogo / Psicoanalista / Formador. 


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sábado, 28 de octubre de 2017

La histeria II: Derribando a un hombre para sostener a otro


               
               En el anterior texto hablábamos de esa mirada que se buscaba en la histeria para volver hacia atrás (Ver: La histeria I).  Pero digamos que como toda neurosis es infantil, todo síntoma va a tender a lo infantil y toda vuelta a lo infantil remite a lo edípico. En la histeria vamos a encontrar esta vuelta al padre de diversas formas.

                Puede ser difícil de entender lo que dicen los analistas de la histeria: Que se pone en el lugar del hombre, aclaremos, principalmente que es cuando está en síntoma. Pero una pregunta que me parece importante sería: ¿A quién protege cuando se pone en lugar de hombre? Evidentemente a papá. Para conseguir hacer esta vuelta necesita defenderse de lo que tiene adelante. En el anterior escrito veíamos como una de las formas era vincularse en relaciones de pareja imposibles que evidentemente la permitían volver hacia atrás, es decir, cada fracaso amoroso es en realidad un triunfo que justifica: "Es que nadie me va a querer como papá". Esto permite una vuelta sin culpa o por lo menos disminuyendola. Para ello suelen juntarse con una pareja lo suficientemente anulable o anulada, por lo menos como adulto, porque así no se destrona a papá, que es lo que verdaderamente da culpa.

               Es que si ese a quien elige si plantea amor y compromiso hacia adelante, surge el problema evidente de que se le reclama como adulta y la escena le impone abandonar una posición infantil. Es decir, se produce una pelea entre dos hombres. Aquí vamos a entender como la histérica se pone en el lugar de hombre, ¿Cómo? anulando al hombre de delante (al que no es papá), despojándole del falo. 

              Así, como si fuese un muro, la histérica tira piedras al muro del hombre hasta que lo quiebra. Ataques histéricos (de insatisfacción), reproches, acusaciones, desplantes y un largo etc, por ejemplo poniéndose muy masculina en la cama, que si bien puede encajar con algunos, con otros muchos no. Depende del hombre que tenga enfrente y de como tolere el sufrimiento de estas piedras y su personalidad -quizá un obsesivo sufre mucho porque quiere satisfacerla a toda costa y es un imposible, o en el otro extremo alguien muy prepotente que la trate despóticamente como la trataba el padre y ahí se queda más tranquila (depende del caso)- se quiebra y no soporta los ataques, el muro se rompe, ahí perdió lo fálico, lo que para la histérica le hacía fálico. Es ahí donde la histérica puede decir: "Ya no me gusta, es que no es lo suficiente hombre". Se podría decir que ella le trata a él como el padre le trataría a ella, lo impotentiza y se cobra de tributo el falo, robándoselo a la misma castración.

               Y es que por más que hablemos de muros en realidad hablamos de sujetos deseantes que habían puesto algunas o muchas expectativas en ese objeto de deseo - amor, por eso el ataque continuado, el sentirse sitiado ante quien debería "quererle bien" se hace insoportable para él. Pero para la histérica, por más que por fuera también sufre la pérdida, se resarce con una ganancia del anhelo infantil. Y es que ningún hombre es tan fuerte como papá, ningún muro tan fuerte como él. Nunca la realidad será más fuerte que la fantasía, nunca el padre que se fantaseó de niña podrá ser superado por lo que se encontrará después, pero sino puede castrarse y pasar a la adultez se quedará enganchada a la fantasía de lo que no es, a la fantasía de lo que en realidad nunca fue pero fue lo bastante como para dar lugar a fantasear que sí puede ser.

               En base a esa fantasía se repite y se repite, pero muchas pacientes, a través de su análisis se dan cuenta de esa repetición y consiguen hacer la renuncia para por fin, poder construir algo de verdad, del orden de la realidad.


Luís Martínez de Prado.
Psicólogo / Psicoanalista / Formador.

Consulta: (34) 686 77 41 39 / psicodinamika@gmail.com / Skype: psicodinamika www.psicodinamika.blogspot.com

Quiero empezar mi psicoanálisis:
www.psicodinamika1.blogspot.com