Quiero empezar mi psicoanálisis

domingo, 27 de septiembre de 2020

Nuevo seminario: La mirada psicoanalítica. Una introducción al psicoanálisis

           


           Les quiero presentar una nueva edición de este seminario que lleva ya cinco años acercando el psicoanálisis a personas que tienen curiosidad, críticas, que no necesariamente quieren convertirse en psicoanalistas pero que sí quieren construir una forma de mirar diferente. Esa que no se conforma con la superficie, con lo típico sino que analiza lo que subyace y apunta a entender el porqué de las cosas desde otro lugar.

          Un espacio participativo donde no sólo se escucha sino que se es escuchado y cada uno puede aportar lo que quiera, enriqueciendo el curso. Pensando, analizando, compartiendo... Analizando no sólo la psique individual sino también los problemas sociales. Dejo aquí un fragmento, sobre el goce.

          Tengo el placer de dirigir este seminario, esta vez online dadas las circunstancias. Seas de donde seas y sin conocimientos previos necesarios (y si los tienes también), sólo con ganas de aprender, te esperamos.

Programa: Aunque es variable y los alumnos pueden proponer temas, esta es la propuesta inicial:


1. Introducción: La triple herramienta psicoanalítica: ¿Cómo se analiza? La escucha. La clínica del deseo propio. Freud, post-freudianos y Lacan.


2. Conceptos fundamentales: Estructuras psíquicas, deseo, pulsión, goce, Edipo, la falta, transferencia, etc...


3. Psicoanálisis social: El malestar en la civilización. Psicopatología de la vida cotidiana. ¿De qué sufrimos? Actualidad de Inhibición, síntoma y angustia.


4. Sexualidad: Orientación e identidad sexual. Identificaciones. El significante del género. Sexualidad como punto de llegada. Fetichismo. Tres ensayos sobre una teoría sexual (S. Freud).


5. La sociedad capitalista infantilizada: El mensaje perverso del capitalismo. Mitología del capitalismo. Plusvalía y falta.


6. psicoanálisis y religión: Prácticas religiosas vs prácticas obsesivas. Tótem y tabú. Moisés y la religión monoteísta. Visión de C. Jung. El porvenir de una ilusión. El concepto de verdad en lo social y en la clínica.


7. Psicoanálisis del fascismo: Psicología de las masas y análisis del yo de W. Reich: La relación sadomasoquista entre fuhrer y masas.


8. La interpretación de los sueños: ¿Cómo se analiza un sueño? Condensación y desplazamiento. Sueños de angustia y deseo.


9. Psicoanálisis y amor: Somos como nos quisieron. Amor y figuras primordiales. Lacan: siempre es un problema de amor. Los celos.


10. Tema libre: El conocimiento lo construimos entre todos así que esta clase puede versar sobre un tema propuesto por los alumnos. Mi propuesta: Terrorismo y perversión: El acto perverso. Racismo y narcisismo de las pequeñas diferencias. La eliminación de la otredad. O bien: Feminismo y psicoanálisis.

           Además incluirá una clase extra introductorio que se celebrará próximamente. Puedes contactarme para asistir. Todas las clases se grabarán en vídeo y podréis disponer de ellas indefinidamente. Además crearemos un Drive con lecturas, documentos y demás para que podáis consultar.

          El precio será de 115€ que incluirá todo esto y un diploma de aprovechamiento al final del curso. El primer grupo saldrá los lunes a partir del 5 de Octubre.

Para cualquier duda contacta por teléfono o mail.


Luis Martínez de Prado.

Psicólogo / Psicoanalista / Formador.

Director de: www.psicocatedra.es
Consulta: 34 686 77 41 39 / psicodinamika@gmail.com

Skype: psicodinamika Consulta online y presencial en Madrid. También a domicilio.

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sábado, 19 de septiembre de 2020

¿Hasta cuándo dura un análisis?

                          

Autor: Tute

                         Si hay una pregunta que se lanza a los profesionales del psicoanálisis por excelencia es esa: ¿Hasta cuándo un análisis? ¿Tiene que ser largo? ¿Hay una duración determinada? ¿Es que los psicoanalistas quieren alargar el tiempo para ganar dinero? (Otro tema interesante y polémico lo del precio).

           La problemática y las soluciones a la misma que da el psicoanálisis no es lo mismo que un problema médico por el que uno acude a consulta y el doctor le tiene en tratamiento hasta que la dolencia está curada. La verdad de lo que le pasa al sujeto en la psique alberga en su inconsciente, no en el manual ni en los libros de quien le trata. La dolencia del paciente tiene que ver con la falta, que siempre está, de la falta no nos curamos ni empoderándonos y pensando que todo lo podemos, ni con medicamentos, ni consumiendo, ni aspirando a perfecciones imposibles. 

          De aquí derivará el sufrimiento interno humano que hará, cada uno lo que pueda, con su falta. Por suerte es la que nos impulsa: Por eso el filósofo construye sus teorías, el poeta sus poesías, y el que ama, ama más allá de uno, porque ese agujero constitucional nos empuja hacia fuera. Obviamente esto no pasa sin sufrimientos, síntomas, problemas, lo derivado de este agujero que viene a tratar de compensarlo de alguna manera aunque sea imposible (Bordear la falta, no taparla).

          De modo que para empezar, la problemática humana no se cura del todo, no quiere decir que el sujeto no pueda estar bien o hacerlo llevadero. Es ahí donde entra el análisis, pero partiendo de la falta, ya no hay un fin de análisis definido porque no hay una cura que libre al sujeto de todo padecimiento.

          Padecer que se sostiene en la verdad del inconsciente, la que tiene el sujeto, por más que no lo sabe. No sabe lo que sabe pero se manifestará en su discurso a través de actos fallidos, sueños, chistes, cuerpo. Se le colará su inconsciente en su hablar. Trabajo del analista será trabajar lo simbólico del mismo para que el sujeto pueda traducir y entender algo de sí mismo revolucionando así su sistema de repetición. Esto queda imposibilitado y limitado sino es con un psicoanalista que escucha (Ver: El autoanálisis)

         Incluso en el mejor de los casos, donde esta revolución llegue más lejos, esa verdad inconsciente es inabarcable del mismo modo que, como nos enseñó Freud en su interpretación de los sueños, los mismos no son analizables al 100%, siempre hay un resto en todo sueño, síntoma, etc, al que no se llega. La falta se manifiesta en eso también.

         Por tanto un análisis no aspira a una completud del mismo y no se puede poner un fin. El fin lo suele poner el paciente cuando termina su demanda de análisis y él mismo decide terminarlo y tendrá su tiempo lógico, no necesariamente tiene que ser largo.
No confundir esto con una "interrupción" de análisis, donde las resistencias han ganado la batalla y el paciente antepone el goce a estar mejor y no pagar el precio de hacerse cargo de lo qué le pasa. 

         Así que en psicoanálisis es el paciente el que suele darse el alta cuando siente que llega el momento. Hay veces que el sostén que da el análisis tiene que mantenerse, por la constitución o estructura del sujeto, hay veces que el sujeto está interesado en quedarse también por motivos didácticos (formación como analista) o intelectuales. Hay veces que la gente que no está familiarizada con el psicoanálisis me dice que cuando el sujeto ya no está mal, para qué quedarse. Pero igual que no es que haya que estar mal para ir a un psicoanalista, pienso que uno no necesariamente se queda en un análisis por la mal que está sino por lo mejor que puede estar, en definitiva, porque le hace bien.


Luis Martínez de Prado.

Psicólogo / Psicoanalista / Formador.

Director de: www.psicocatedra.es
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domingo, 13 de septiembre de 2020

Narcisismo: Entendiendo un poco más

 


          Ya que sobre este concepto me encuentro ciertas confusiones entre los alumnos, pacientes y en quienes sienten curiosidad por el psicoanálisis, que escuchan "narcisismo" como algo negativo y como una tara y como un insulto. Tiene que ver con el camino que empezaron a trazar los post-freudianos, que ha evolucionado a pensar que la salud radicaba en superar al narcisismo dándole alas al "yo", haciéndolo más fuerte. Se consigue así lo contrario: Tan narcisista, que pretende superar al propio narcisismo, como si no lo necesitara. La contrariedad está en que yo y narcisismo son casi sinónimos. Al empoderar el yo le echaron gasolina al narcisismo. El psicoanálisis trabaja sobre la herida narcisista del yo, la puñalada del inconsciente que le determina es poner al yo donde le corresponde, concepción que implica renunciar a parte de nuestro narcisismo.

          Como siempre decimos, el narcisismo es algo que se construye a través de tomarnos el otro como objeto de su deseo, esto nos hace deseables. Por tanto el narcisismo es condición necesaria del sujeto. 

           Pero obviamente y volviendo al primer párrafo, la vida nos impondrá ciertas renuncias que minarán nuestro narcisismo y nos obligarán a llegar a un nuevo acuerdo con la realidad. La no-renuncia implica sufrir, quien puede renunciar deja de luchar contra la realidad, ésta que le obliga a hacer cosas que no tenía que hacer cuando era niño. Ahora si quiere cosas tiene que trabajar, al amor es condicional y la levedad del ser se asienta frente a la omnipotencia infantil de etapas anteriores. A partir de aquí es una lucha sin cuartel que dura toda la vida.

            Pero el sujeto sigue siendo eminentemente narcisista, sólo que pasa del principio de placer al principio de realidad (Un principio de placer también pero modificado). Pongamos un ejemplo:

Dos deportistas quieren eso que suele quererse justo por narcisos: Ser el mejor en el deporte que practican. Uno de ellos no está dispuesto a hacer el esfuerzo pero sufriría de no alcanzar ese objetivo. Decide sobreactuar, va a los eventos donde van los mejores en ese deporte, calienta como ellos, copia sus gestos, habla como uno de ellos... se lo cree. Según su propia noción de realidad esto será desde muy creíble (Todos conocemos ejemplos en muchos ámbitos) o será ridículo, pero a él le vale, le resarce narcisísticamente y le apacigua la angustia, que después volverá con más empaque porque a la realidad no se le engaña. Mientras, un neofito en ese deporte hasta se creería la fantasía que le muestra este vago deportista. Este sujeto buscaría víctimas en las que proyectar y ver como en un espejo lo que él quiere pensar de sí mismo.

             El segundo, otro sujeto, que por su narcisismo, hace un contrato diferente con la realidad, no le vale negarla como al primero. Lucha, trabaja, no le importan las fiestas y eventos, quiere resultados, coteja con la realidad más objetiva a la que puede acceder. Por narcisista quiere ser el mejor, pero su forma de conseguirlo es otra.

             El narcisismo es gasolina, es un componente en el amor, es lo que nos mueve, nos hace deseables, etc... Luego está el recorrido de cada uno. El psicoanálisis ayuda justamente a la noción de realidad, que uno pueda hacerse cargo de su deseo y trabajar por el mismo, no fantasear para sufrir después.

Más sobre Narcisismo:





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domingo, 6 de septiembre de 2020

El autoanálisis

 

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           El espejo en el que uno se mira está condicionado por la propia mirada, para eso lo creó.

          

          Creo que todo el que esté vinculado con el psicoanálisis ha escuchado mucho esto: "No me hace falta ir a un psicoanalista, yo ya me analizo mucho". Intentaremos explicar que no es lo mismo y que no funciona.

          Freud fue el primero que intentó las posibilidades del autoanálisis, lo cuenta en sus tempranos escritos. Cierto es que podía hacer un camino en intentar hacer asociación libre (Como con los pacientes), y por así decir, darse cuenta de algunas cosas. Pero se acababa topando con sus propias resistencias, un muro que no le permitía ir más allá. 

           Ese tope es de la propia psique que lucha por mantener el sistema imperante. ¿Pero querría mantenerlo a pesar de que sea nocivo para el sujeto? Sí, porque hasta la más insalubre forma de funcionar de una persona produce una satisfacción inconsciente que se fija y se hace funcional. 

           Ahí está el problema del autoanálisis, que intenta llegar a lo reprimido/inconsciente por el mismo sistema que lo creó. Imposible tarea, el mecanismo se protege y no permitirá que nada le rompa el equilibrio. Sabemos, es cierto, que la verdad sobre a lo que uno le pasa habita en él y en su inconsciente, pero no por eso no se hace obligatorio la presencia del otro que escucha, el psicoanalista, con su oreja entrenada, no un amigo, ni una pareja ni un familiar: (Ver: La importancia del análisis de los psicólogos y psicoanalistas.)

           Paradójicamente esto permitirá que uno se pueda escuchar a sí mismo, porque el analista le devuelve al analizante lo que éste dice, produciendo con esa interpretación, en palabras de Lacan, oleaje, no dejando pasar por alto lo que la resistencia encubría, lo que el paciente no era capaz de escuchar de sí mismo, pero que no puede no decir. Esto último es la clave: No podemos no decir, poner en acto nuestra verdad de lo que nos pasa pero nos protegemos no escuchándola. Por eso el autoanálisis tiene esos límites, esos topes que a veces desde la primera sesión en consulta se rompen y todo cambia.

          

Luis Martínez de Prado.

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domingo, 2 de agosto de 2020

El narcisismo en la culpa

         
          La culpa no sólo tiene que ver con las bondades de cada uno o con la preocupación por los demás, esa que los individuos más perversos no tienen. Como otras emociones, tiene que ver con uno, con su propio narcisismo y con la función que cumple.

          Confunde esto de que en la culpa esté el narcisismo en juego porque parece que es una elección de soportar algo displacentero en uno liberando a los de afuera. No le resta nada meritorio a la persona que se culpa, pero repasando la frase anterior entendemos que la culpa es algo que se vuelca en uno. Ya tenemos la primera pesquisa para hablar de narcisismo.

          Para entenderlo bien yo preguntaría: ¿Quién se cree uno que es para sentirse culpable? Más allá de las culpas reales de cuando uno hace algo que la merece, las personas que se culpan por lo que no les corresponde se atribuyen una importancia y un poder que no les corresponde en la realidad, como una visión omnipotente infantil.

          Algo de eso protege la culpa, donde uno se siente tan culpable esconde también la creencia de los: "Y si...", "Si yo hiciera esto o lo otro o si yo hubiera hecho podría haber impedido que sucediese lo que no quería". es que esta frase solo a veces es cierta, el resto viene a negar que no lo podemos todo y que sobre lo que no depende de nosotros no podemos hacer nada, eso es lo que más duele y lo que el culpable trata de evitar. Tanto le angustia que prefiere fustigarse a aceptarlo.

          Que la culpa cumpla una función de "satisfacción" nos sorprende también pero para eso tenemos que entender que la psique se estructura por instancias y que el "yo", al que tanto poder atribuyen algunos (De ahí que uno se sienta lo suficientemente importante para sentirse culpable), no es más que el siervo del "ello", que puja por satisfacerse y del superyó, que hace lo mismo pero que se ha formado en base a "lo que se debería hacer", siendo contradictorio además, no solo te castiga por incumplir la norma sino por no satisfacerte. Es esa parte de la mente que nos frena cuando vamos a infringir algo que creemos que está mal y la misma que te empuja diciendo: "Eres un pringado que no te satisfaces". De ahí que su forma de satisfacerse sea en ocasiones ensañarse con el yo, al que le dice: "Es tu culpa", sosteniendo, como decía que el yo tiene una capacidad de acción que no tiene en realidad.

          Todo lo que no asumimos de nuestras faltas y nuestras imposibilidades se puede convertir en cargas más o menos pesadas que al fin y al cabo, sostienen una mentira. Por eso uno se libera, de algún modo, cuando acepta lo que no puede y lo que no se puede, que por suerte es lo que nos hace humanos. No se trata de ser perfectos sino de aceptarse cada uno en su finitud.


Luis Martínez de Prado.
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domingo, 26 de julio de 2020

Encontrar tu propio deseo

          


          Sosteníamos al final del escrito anterior (El síndrome de Áspersor: La culpa siempre la tiene el otro) que el deseo cuesta, es por eso que se reconoce de cuando es principalmente goce, goce que apunta a lo sin límites a veces, a lo mortífero (Ver: Vídeo: El goce. Psicoanálisis). 

          Todo esto puede ser confuso porque lo que uno hace, desde lo más perjudicial  hasta lo que mejor le viene produce satisfacción (placer o evitación del displacer). 

          Las personas se preguntan continuamente cómo encontrar su deseo y lanzan la pregunta a los demás: terapeutas, gurús, falsos especialistas, ingenuos a veces que pretenden generalizar lo que les ha funcionado a ellos a todos los demás. Pero no, el deseo, en tanto propio, es sólo uno el que puede reconocerlo, el que lo tiene delante.

          El problema del deseo es que cuesta, duele, requiere sacrificios y, como aprenden los niños, necesita postergar la satisfacción. Si el deseo de uno pasa por terminar una carrera o construirse una profesión, se necesitará tiempo y esfuerzo entre otras cosas. La satisfacción será acorde con el deseo y la realización personal, habrá satisfacción, pero también la habrá cuando se quede durmiendo más tiempo y no vaya a clase, saliendo los fines de semana en vez de estudiar o viendo la tele hasta tarde, solo que esto será pan para hoy y hambre para mañana.

          ¿Cómo reconocer el deseo entonces? Porque implica renuncias, a veces muchas. El goce a corto plazo puede ser placentero pero las consecuencias se pagan después. El deseo nos obliga en ocasiones a abandonar la inmediatez en una sociedad que la tiene por bandera. Puedes comprarte un aparato y cuando salgas de la tienda ya hay uno mejor disponible, ocurre incluso con las personas, hay "tanta oferta" que se hace cada vez menos habitual sostener un compromiso, las personas y los objetos son cada vez más intercambiables.

          Esto del deseo se opaca por todo esto y por el deseo del Otro (lo veremos en otro texto). Con el deseo no hay engaños en realidad, cada uno tiene el suyo y es responsable de cómo lo sostiene. Por eso en un psicoanálisis se brinda un espacio de escucha para que el sujeto se escuche y vaya encontrando su deseo. Aunque sea el paciente el que paga, se le pone a trabajar en la aventura de descubrir qué es lo que de verdad quiere, su esencia, su identidad, su "estar mejor".


Luis Martínez de Prado.


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lunes, 20 de julio de 2020

El síndrome de Áspersor: La culpa siempre la tiene el otro

          


          Este título humorístico es en honor a un maestro amigo que utiliza el término "aspersor" (Jugando con la terminología Asperger) para referirse al acto de echar la culpa al otro. Decíamos en otro escrito que de nuestra posición somos siempre responsables, en palabras de Lacan, pero eso no es fácil. El otro, que puede ser una persona, el universo, el virus, la suerte, etc, puede ser un comodín muy recursivo para no asumir lo propio.

          ¡Pero yo me quejo porque tengo razón! Con más o menos razones o con más o menos concordancia con la realidad, pero si uno se fija demasiado en la paja del ojo ajeno es para evitar ver la viga en el propio y además si mira tanto es porque algo de la viga, inconscientemente sabe. Este saber no sabido se entromete en los pensamientos y en los actos y uno tiene que hacer algo para bloquear su salida.


          En lo relacionado a sus vínculos siempre es el otro el que se equivoca, en el trabajo son los demás los que lo hacen mal, no es un vago, es que hay crisis, no está gordo, es el metabolismo, los satélites que nos espían, el gobierno, los jefes, el orden mundial, el capitalismo, el comunismo... Siempre lo ajeno.
 

          Lamentablemente al final, uno es lo que hace, los resultados y la realidad hablan y poco le importan las quejas. Uno es lo que hace y en base a eso construye y sostiene su posición en el mundo y tiene que ver con elecciones. Hasta en las realidades más reducidas se toman decisiones y uno se construye su propio camino.
 

          ¿Pero cómo sé dónde termina la responsabilidad del otro y empieza la mía? ¿Cómo saber a quién echar la culpa? Es que no se trata de culpas, la responsabilidad individual nunca termina. Si uno se queda con esa persona de la que tanto se queja tendrá que preguntarse por qué, si no se mueve del trabajo donde no le merecen deberá virar el foco hacia sí mismo con la consiguiente angustia: "Si me quedo, igual es porque sí lo merezco". Uno merece lo que está dispuesto a darse, lo vemos en muchos pacientes que se quejan y quejan de su situación pero a la hora de comprometerse para cambiar se van. La queja por tanto es sinónimo de resistencia, resistencia al análisis, resistencia a estar mejor. Esto ya lo descubrió Freud antes de inventar el psicoanálisis.

          Después de todas las historias y películas que uno quiera contarse y a quien quiera atribuirle su suerte, será uno mismo el que pague las consecuencias de sus elecciones. Muchos deciden escucharse y asumir las interpretaciones generantes de ese oleaje, luchar contra esas resistencias que siempre están, no se trata de absolutos y tomar la dirección de su deseo... Y el deseo cuesta, duele y jode, es por eso que se reconoce, pero eso será para otro texto.


Luis Martínez de Prado.

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