Quiero empezar mi psicoanálisis

domingo, 23 de julio de 2017

Herederos II



             
               Como veníamos diciendo en Herederos I, el problema es que muchas veces esos padres que no quieren revivir en los hijos lo sufrido en carne propia, es que les quieren ofrecer esos objetos que les faltaron a ellos, un piso, el pago de una carrera, unMáster, etc... Pero esto habla más de la falta de los padres, no la de los hijos, que vienen con su falta y que nadie puede taparsela porque eso es justamente la falta, algo que no se tapa.

          Si reciben los objetos sin el aprendizaje que les permite valorarlos no podrán aprovecharlos y no sólo eso, sino que no podrán mantenerlos. Corren el peligro de pensar que todo eso, como niños, les corresponde, pero siendo adultos no entenderán a uno le corresponde lo que se construye, que si bien esos objetos pueden ser parte de esa construcción, su vida sólo pueden tejerla ellos caminando a través de su deseo. La fuerza de la angustia paterna que está detrás de esto que recibe el "heredero" puede hacer que incluso los objetos dados se conviertan en obstáculos para descubrir el deseo propio, o que la angustia ajena tape la boca al sujeto. "Es importantísimo poder poseer un piso", "Es indispensable tener una carrera y un Máster", se pueden posar en su discurso como propios siendo frases de ese otro que está hablando por él y que paradójicamente distorsionan incluso su visión de la importancia de la formación o sus planes de vida.

          Por eso viene tanta gente a consulta aludiendo no saber algo que en realidad llevamos puesto, el propio deseo, habiendo pasado la vida sabiendo más de lo que quiere el orto de ellos que de lo que ellos quieren. Así nos encontramos gente estudiando carreras sin saber porqué y en muchos casos sin poder terminarlas, desperdiciando años o acabándolas y no ejerciendo nunca de aquello que estudiaron, pagando cantidades grandes de dinero por Másters y especializaciones que nunca capitalizan, pagando pisos en los que no quieren vivir o sin vivir siquiera en ellos sin cuidar eso que les dieron pensando el dador que les quitaría su falta. 

          No me sorprende que muchas personas que heredaron pisos carísimos en el centro de las ciudades de sus padres o abuelos los alquilen sin haberlos cuidado en absoluto, en ocasiones sin haber cambiado nada, como si no fuesen dueños de ello, como si el que les tapó la boca dándoselo (no intencionadamente pero sí como consecuencia de no analizar su angustia) no les heredase la posibilidad de hacerse cargo de ello, como si nunca se lo hubiese dado y esa personalidad que hay en el piso no sea la del hijo/nieto sino la suya aún y haya trascendido a través del heredero que lo perpetúa en un objeto al que su deseo no pudo ponerle la palabra propia.

          Lo triste de esto es que es muy probable que la persona no sólo no podrá valorarlo y disfrutarlo sino que estará condenado a perderlo y sólo ahí podrá valorar el esfuerzo de las cosas. Esto nos dice que heredar objetos sin heredar la libertad y valores para poder utilizarlos no sirven de impulso sino de lastre.


Luís Martínez de Prado.
Psicólogo / Psicoanalista / Formador.

Consulta: (34) 686 77 41 39 / psicodinamika@gmail.com / Skype: psicodinamika

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