Quiero empezar mi psicoanálisis

viernes, 15 de septiembre de 2017

¿Por qué el psicoanálisis?

               

               En una sociedad donde se ha sustituido la psique por la conducta, la historia por la genética, la problemática existencial por los circuitos cerebrales,el amor por la secreción química la subjetividad y particularidad del sujeto por la generalidad de los rebaños.., el psicoanálisis es un espacio en el que uno puede ser escuchado de una forma particular y como un sujeto único como lo somos cada uno, sujetos que sufren en las vicisitudes de la cultura y se dan cuenta de que más allá de síntomas, hay algo que se les repite y ese algo es la escena de cada uno donde se está posicionado y no consigue salir de ahí. Los síntomas son sólo consecuencia y reflejo de esta escena y la forma de expresarse de la psique diciendo que: "Algo no anda bien." 

               Pero estos síntomas no son generalizables porque por más que dos personas sintomaticen de la misma manera, la causa no es la misma y la escena es diferente en cada persona. Por eso hay que analizar caso por caso, sujeto a sujeto, para hacer consciente lo inconsciente y poder renunciar a esa escena, para encontrar caminos y llevar a cabo el deseo propio más allá de lo que los Otros pretenden de uno. Poder por fin acabar esa carrera o poder por fin dejarla, poder entender que uno no se merece sólo ese tipo de parejas, que puede tener mejores trabajos, que puede hacer eso que el otro no aprueba, que puede emprender eso que nunca hizo, que puede cambiar de ciudad, de país, si es su deseo, que puede ... cambiar, que puede; y dejar por fin de repetir esa escena angustiante.

               ¿Te atreves a hablar de ti? Si la respuesta es sí, quizá este sea un espacio para ti.

Y para romper mitos sobre el psicoanálisis: Ver: El psicoanálisis no echa la culpa a los padres.





Luís Martínez de Prado.
Psicólogo / Psicoanalista / Formador.


Consulta: (34) 686 77 41 39 / psicodinamika@gmail.com / Skype: psicodinamika

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miércoles, 13 de septiembre de 2017

Conferenca: Psicoanálisis de las masas ¿Una alienación necesaria?


               El próximo día 21 nos reunimos en la Fundación sindical Ateneo Primero de Mayo para hablar del psicoanálisis de las masas, no es que vayamos a tumbar a "las masas" en el diván, pero vamos a ver como la psique del sujeto individual nos dice mucho de las masas. Y es que en el momento que hablamos del hombre hablamos de un hombre cultural, un "animal político," que no es hombre sino es por el Otro, es decir, ser, implica que hay un otro/s que también es/son.

               Uno de los focos cuando se habla de las masas hay que ponerlo inevitablemente en como la masa influye al sujeto individual. Aquí puede surgir la fantasía de los sujetos de querer sentirse no-influenciables por la masa. Bueno, si volvemos al primer párrafo, en tanto que somos el deseo del otro, no podemos no ser influenciados por lo social y estamos ya programados para que la masa nos influya, pero no cualquier masa claro, algo tiene que encajar, esto puede tranquilizar a muchos lectores, pero no tanto si examinan esos encajes en ellos y otros.

               Esto directamente nos pone en confrontación con la libertad humana, ¿Es que realmente somos libres? En tanto que no hemos elegido nuestra posición en el mundo, nuestro nombre, ni el momento en que nacemos... no. Si no somos libres, lo que somos, lo que somos de hecho antes de ser, es una fantasía, una fantasía d otro que nos imagina y se hace una imagen de nosotros. esa fantasía nos condiciona, evidentemente, proceso del que hablaremos más a fondo. Con los pacientes vemos como llegan llenos de esta fantasía, es decir, de lo que el otro/s quiso de ellos pero de lo que ellos quieren ser, de su libertad, no saben nada y es que esta fantasía y su forma de condicionarnos, nos enferma y en algunos casos mucho. La magnitud dependerá del tipo de familia, de los mensajes paternos, de lo autoritario o lo perverso. pero, y esto es lo que ahora nos va a confundir, gracias a esa fantasía somos y gracias a esa realidad que nos van a vender a través de los ojos de la madre vamos a construir la nuestra propia, lo que se llama: Nuestro imaginario.

               ¿O sea que vamos a construir una realidad totalmente condicionada que vamos a hacer propia? Sí. esto abre o quizá cierre otro debate que también toca el tema de la masa: la sugestión. Digo que lo cierra porque entrar a debatir tras este previo si el humano es sugestionable o no carece de sentido, ya que en este caldo de cultivo, el humano está programado y predispuesto para ser sugestionado, es un mecanismo que ya conoce porque gracias a eso es quien es, gracias a eso vive, gracias a eso es. va a ser sugestionado después por la familia, el colegio, el estado, la publicidad, los grupos, la propaganda (Bien lo sabía Hitler y bien lo utilizó. De esto también hablaremos el próximo día 21), el mercado, etc... Aquí entra también la masa como ente sugestionador por supuesto, la que ejerce el líder y la que se ejercen mutuamente los miembros de la masa, por esto es tan poderosa.

               Al ser humano en masa le hemos visto hacer las cosas más horribles, pero también cosas buenas, pero ¿Qué le pasa al sujeto en la masa? Entre otras cosas freud y Lebon van a decir que baja la actividad crítica y sale el entusiasmo de lo anímico, como con los efectos de algunas drogas, que las prohibiciones culturales que tenemos incorporadas se modifican, que el freno a las pulsiones desaparece en parte. Esto provoca, por ejemplo lo que vimos en un estadio de Argentina hace unos meses, como mataron a un hincha de un equipo porque otro (de la masa) le acusó de ser del equipo rival. Entramos entonces en el factor de la identificación.

                         ¿Qué pretende esta charla? Arrojar un poco de luz sobre todas estas cuestiones, W. Reich, acusó al marxismo de no tener en cuenta suficientemente el factor psíquico en sus concepciones sobre la revolución, intentaremos ver si tiene razón o no. Yo diría, que lo que no se tuvo en cuenta, como no se tiene hoy en día en muchos estamentos es la importancia de lo inconsciente, como explico en: "Matar la pulsión de muerte mata," el problema que tenemos es que el consciente no quiere que eso consciente aflore, no se quiere ver, ni en lo individual ni en lo social. Pero todo eso que no queremos ver se nos cuela y nos impide parte del entendimiento de nosotros mismos y de los fenómenos sociales, nos impide ver porque se repite lo que se repite cuando se quería no repetir. Pero no se podrá ver en el otro o en lo social lo que uno no puede ver en sí mismo. Pretendemos combatir eso con la actitud crítica de la que goza este centro y sus cursos, tratando de pensar, debatir y mirar cada uno con su prisma, mirando también por la óptica psicoanalítica la psicología de las masas.

               Cualquier asistente descubrirá que no será tan complejo como parece lo que tratemos y que sabrá, en lo cotidiano más de lo que cree sobre estos temas.


Luís Martínez de Prado.
Psicólogo / Psicoanalista / Formador.


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lunes, 11 de septiembre de 2017

Diferencias entre psicología y psicoanálisis II: El fantasma

               


               Este artículo valga la redundancia se articula con el anterior: "Diferencias entre psicología y psicoanálisis I: Lo simbólico,"  que se recomienda leerlo primero. En él se hablaba de cómo el ser humano habitaba lo simbólico y por tanto los síntomas son un símbolo de otra cosa. 

               Otra diferencia importante entre el psicoanálisis y las demás visiones de la psique es lo que a partir de Jaques Lacan llamamos fantasma. Eso nos lleva inmediatamente a hablar de repetición. Un fantasma es algo que se repite. A nivel de la psique cuando una escena se repite nos va a remitir al fantasma, a la escena fantasmática. 

               Lo originario de esta escena (y ahora se entenderá porque nos va a llevar siempre a mirar hacia el pasado) está en el origen del aparato psíquico del sujeto. Cuando este aparato psíquico está en formación se van a fijar pulsiones con objetos (cosas o personas), formas de goce y escenas de amor. Vamos a centrarnos en qué es eso de las escenas de amor:

Como decía en el escrito anterior, somos del Otro que nos nombra (a través del lenguaje) y no sólo nos nombra, también nos fantasea y se forma una imagen de nosotros incluso antes de que nazcamos. Esta fantasía produce una satisfacción en quien fantasea y es que somos el deseo del Otro. Evidentemente esta fantasía nos va a condicionar en mayor o menor medida, puede ser de forma muy patológica o no pero lo que es seguro es que sin esa fantasía no se nace, no se es; y como sujetos necesitamos rellenarnos de narcisismo a partir de encajar de alguna manera en esa fantasía narcisista del Otro.

Obra de teatro: Bona gent.
               Entonces, al nacer el sujeto va a ser insertado en una escena, que siempre es de amor. Mamá y papá tienen un vínculo de amor y el niño/a viene a ser un personaje de esa escena y a cumplir una función. Ver: Somos como nos quisieron. De esta forma hay una escena previa a la que el sujeto se incorpora, donde se facilitan una serie de objetos para que se conecten las pulsiones, donde se goza de ser querido de una determinada manera, donde se concibe el amor de una determinada manera (como mamá y papá se aman), donde el resto de personajes de la familia también van a ocupar un lugar en la escena. Esta escena, para que nos entendamos, sería para el sujeto la realidad... la única realidad, que es la que pudo ver a través de los ojos de quien se la enseñó: La madre. No puede ser querido de otra manera porque sólo existe esa manera que aprendió, no puede vincularse de otra manera porque sólo puede vincularse de la manera que le vincularon, no puede satisfacerse de otra manera porque las pulsiones se conectaron de una forma determinada dentro de los límites que esa escena/realidad le proporcionaba. Por eso nos encontramos después con personas que no pueden, por ejemplo, renunciar a una escena de maltrato, porque sólo saben ser queridos de esa manera y lo que no es eso no es amor, para ellos renunciar a lo que les enferma es renunciar al amor.

               Esta escena se convierte en algo que el sujeto lleva puesto encima y cuando salga de la familia al mundo va a representar esta escena de forma simbolica (Es aquí donde hay que entender el artículo anterior) y todos los vínculos que genere van a venir a ser sustitutos de estos actores principales que ya se han creado (y cuando tenga hijos van a responder a una fantasía creada también a partir de esta escena y van a venir a cumplir una función... y así tenemos el circulo completo). 

               Cada nuevo vínculo, que puede ser un amigo, una pareja, un trabajo, un jefe, un profesor, un psicoanalista, etc... va a venir a ocupar un personaje dado de antemano y como es lógico se van a vincular con ese personaje de la forma aprendida. Esos personajes nuevos, por sus características se van a asociar a los personajes dados por similitudes, es decir, un policía o un profesor, si para el sujeto representan la autoridad, se van a asemejar a quien antes la representó. Así vemos como hay quien siente que tiene cerca una autoridad y automáticamente quiere revelarse y atacar, o siente miedo, o los quiere derrocar.

               En el amor va a pasar lo mismo, a la hora de construir una pareja va a representar lo que ya conoce, a repetir el modelo. Si el modelo es patológico o dicho más simple, si el modelo produce un goce inconsciente pero una insatisfacción consciente el sujeto se angustiará y fracasará en su deseo. El problema es que lo repite de forma inconsciente, de forma camuflada y sólo con una escucha entrenada en esto podrá hacer consciente lo inconsciente y mediante transferencia (Será otra de las diferencias que explicaré en otro escrito) aprehender que otra forma de amor es posible, que otro escenario es posible y que su pasado no tiene porqué convertirse en su futuro. Si no tenemos en cuenta al sujeto (lo simbólico, busv¡cando qué se repite, de qué goza, que está expresando...) y escuchamos sólo la forma consciente sólo podríamos adaptarle al goce, o sea enfermarle, consiguiendo, en esta era de tratar de dar más capacidad al yo, hacer a los sujetos más capaces de enfermar, más capaces de sobrellevar la enfermedad, de estar insatisfechos y más enfermos.

Luís Martínez de Prado.
Psicólogo / Psicoanalista / Formador.


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viernes, 8 de septiembre de 2017

Diferencias entre psicología y psicoanálisis I: Lo simbólico

               



               Hace poco escuchaba decir entre gente ajena a la psicología que la diferencia entre la psicología y el psicoanálisis era que mientras que el psicoanálisis se ocupaba de ir a la raíz de los problemas la psicología no se preocupaba por la raíz sino que iba a lo práctico y a solucionar el problema. Dentro de todas las comparaciones que he oído y entre tanta polémica, no es la más desacertada, pero habría que hacer tantos matices...

               Tantos que no los pretende este escrito, sólo uno acerca del psicoanálisis para que la gente que no está en este mundo no piense que lo primero que vamos a hacer es preguntar por la infancia: El psicoanálisis parte de una premisa, o yo como psicoanalista parto de que somos un discurso y todo lo que expresamos consciente e inconscientemente, todo lo que se percibe de nosotros es una expresión de ese discurso y hay una dialéctica inconsciente entre sujetos (físicos y simbólicos). El síntoma también sería una forma de decir algo.


               Somos un discurso porque somos seres del lenguaje y el lenguaje nos posee, en tanto que si no somos nombrados no somos, en tanto que no podemos pensar, ser conscientes sin el lenguaje. Somos (conscientes) porque somos lenguaje y construimos nuestra realidad psíquica porque somos hablados y a partir de ello. La palabra nos cuenta y sino no se nos tiene en cuenta.


                Al pasar de ser animales (que se expresan directamente podríamos decir) a ser humanos que nos expresamos por un sistema de símbolos, hay algo que se pierde y es la literalidad. Esto que se pierde en la forma de expresarse produce una interferencia. El humano ya no va a expresar lo que es sino algo que lo simboliza y esa simbolización es particular en cada uno (si bien muchas se repiten y son similares). Igual que normalmente no expresamos que estamos hambrientos o que queremos tener sexo como lo expresan los animales (de hecho podemos expresar lo contrario para conseguirlo), los síntomas también expresan lo que no es. Lo de fuera, por ejemplo una fobia o un, lo que llaman TOC, es lo que simboliza otra cosa, por ejemplo una angustia terrible ante una figura, ante un cambio, etc, que como decía, en cada paciente ocurrirá de una manera y una expresión sintomática parecida no representará la misma cosa.

               Esa sería la diferencia principal en este punto entre psicoanálisis y casi todas las demás corrientes, no tanto hasta donde llega el psicoanálisis sino el camino por el que transcurre. Trata de desvelar (hacer consciente) eso que el sujeto está diciendo con el síntoma, con lo que nos trae y lo consigue escuchando al paciente hasta que él mismo nos/se lo dice.

               Por eso podemos también hablar y luchar contra el goce inconsciente, pero eso lo abordaremos en otro escrito.


Luís Martínez de Prado.
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viernes, 1 de septiembre de 2017

El terrorismo como acto perverso y las respuestas terroristas de Facebook



          
       

             Ante los últimos atentados terroristas como los perpetrados en Barcelona y Cambrils, cuya autoridad ha reclamado el grupo ISIS: 

             En la sociedad de la desinformación -donde Internet torna en un medio de expresión- las redes sociales funcionan como un test proyectivo a través del cual el sujeto se desnuda más de lo que parece. Como un fallido pero que es un acto que no falla el sujeto dice más de lo que dice sin saber que lo dice, pero que una oreja crítica percibe como cuando el paciente llora al contar las maldades que el Otro ha obrado en él pero que al decirnos después cómo educa a sus hijos, cómo se comporta con la pareja y con los amigos, cómo trata a su mascota o nos habla de una visión personal sobre la política, el fútbol, la educación, etc..., uno interpreta: ¿Pero no es eso similar a lo que se queja? 


            Se ve entonces un modo de repetir y de gozar de seguir siendo maltratado pero ahora maltratando al otro, ocupando el otro extremo de la misma cuerda. Repetir para no recordar que diría Freud. 


            Llama la atención la rápida y fácil solución que muchas personas aportan ante el problema del terrorismo: Poner una bomba en tal país, atacar las mezquitas, deportar a los extranjeros, sacar el ejército a la calle, etc… Ante la angustia tratan de tomar un atajo para calmarla como el que está deprimido y va a un brujo para mágica y rápidamente ponerse bien. El “atajo”, es un acto perverso que trata de esquivar la castración (son conceptos psicoanalíticos que se pueden traducir como que uno no se quiere adaptar a la realidad, la cual le impone normas y de forma infantil la intenta destruir para conseguir sus objetivos), que no quiere pasar por el aro de la cultura y rechaza la norma como el niño que se encapricha con algo y como no lo puede conseguir se enrabieta y lo arranca. Esto es el terrorismo, una imposición del narcisismo propio al Otro, a la realidad. Un dardo en la cultura que pretende negar la castración diciendo: “Yo no me adapto a la comunidad, yo no me castro, yo me quedo con mamá, mi realidad vale más que la tuya”, así trata de esquivar el Edipo negando la norma y el freno pulsional que impone la cultura.


            Por eso el acto de terrorismo es un acto perverso y por eso, desde el complejo de Edipo se puede analizar lo social (Ver: V Seminario: Estudio crítico del sujeto individual y políticodesde el psicoanálisis: Este año una mirada desde el complejo de Edipo)


            El niño, por medio del atravesamiento del Edipo debe aprehender que para adaptarse a la cultura (comunidad) y que la propia cultura trascienda ha de poner un freno a su satisfacción total en función de ésta; a cambio de esto, eso sí, vivirá: “Un malestar en la cultura”, pero necesario. Va a entender a través del nombre del padre (que no necesariamente lo representa el padre, ni siquiera lo masculino, sino la mirada que le devuelve la figura a la que mira la y reconoce la madre), que el incesto está prohibido, que mamá no es de él sino de aquél al que ella mira/ama y que para salir al mundo siendo amable y con la posibilidad de amar tiene que pasar por el aro de la castración (simbólica): Que simplemente implica que se adapte de una forma u otra a esta “ley simbólica”. Con esto habrá pasado de ser un perverso polimorfo a un neurótico, en el mejor de los casos, como diría Freud.


            Por lo tanto, ese malestar en la cultura necesario sería la neurosis (el sujeto normal) y esta neurosis un punto de llegada siendo la perversión un lugar anterior, algo que no llega a la neurosis.


            A nivel social podríamos aplicar un proceso similar donde, como la psique individual, todo neurótico es un perverso frustrado, es decir, un niño que quiere satisfacerse completamente pero que ha sido obligado a hacerse adulto. El resurgir de ese niño caprichoso es lo que pretende el acto terrorista. La sociedad y los diferentes sectores de la misma necesitan, como el niño, una evolución, un atravesamiento del Edipo donde entender que para avanzar como civilización hay que castrarse y que el acto perverso sería a la sociedad normal frente a la perversa lo que el hombre frente al animal. Viendo las respuestas dialécticas ante los atentados que se leen en las redes sociales uno se da cuenta de que esto está lejos de ocurrir, ya que se ve más la respuesta perversa-fácil (si no me gusta algo lo destruyo), porque lo fácil y rápido es lo perverso, lo que no requiere una actitud crítica, lo que no llama, por ejemplo, a la lectura de: “El malestar en la cultura” de Freud, donde explica todo esto. Así, se leen cosas como: “Lo que hay que hacer es bombardear X país”. No se dan cuenta, desde la ignorancia, que también son terroristas y que sus respuestas son reflejos de repetición que se identifican a los mismos que critican como el paciente que comentaba al principio.



            Son embaucados como el perverso seduce al neurótico, que quiere gozar de la libertad sin culpa del primero sin darse cuenta que es la libertad que deja sin límite la propia pulsión de autodestrucción que termina, como en muchos adictos, en una sobredosis de satisfacción-goce y en muerte.


            Justamente el hecho de que se quiera calificar de terrorista sólo al otro y nada a uno mismo, justamente no querer ver en el otro algo nuestro es lo que hace que se nos cuele por el ángulo muerto de nuestra ignorancia esto del terrorismo (Ver: Matar la pulsión de muerte mata), sin darnos cuenta de que cada uno tiene una responsabilidad, un papel en un escenario donde se es más protagonista de lo que se cree, que las palabras, las redes sociales, la ignorancia intencionada, etc, representan lo que parece una metástasis de perversión en la sociedad actual, dando la razón a los pensadores más pesimistas de tiempos anteriores, tan rechazados como acertados.


            Los Edipos mal atravesados tanto individuales como sociales se mejoran con análisis permitiendo al niño llorón convertirse en un adulto que puede ser feliz.


Luís Martínez de Prado.
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miércoles, 30 de agosto de 2017

La castración: No querer renunciar a la completud


                 Atravesar la castración pasa porque el sujeto renuncie o más bien le hagan renunciar a través del nombre del padre, al mundo infantil "ideal", ideal porque satisface todas las necesidades, pero infantiles, pero el adulto, que aprende a estar en falta, sabe que no todo será colmado, que no todo es ideal, que los mundos Walt Disney no existen y que Peter Pan vendría a ser un perverso en el mundo real.

          En una época como la de ahora donde el vacío existencial se hace presente y se rellena con lo que no es, nos damos cuenta de que de que el problema parece ser el intentar llenarse como niños de cosas que no existen, es decir, tratarse de satisfacer con lo que colmaría a un niño pero siendo adulto. Más concreto, intentar llenar agujeros que no se llenan con cosas que no sirven para llenar y que caen en saco roto, como si le pidiésemos al mundo un color que no existe. Por eso el goce, que es un imposible, se mueve hacia la pulsión de muerte, porque al no llenar no tiene fin y el deseo infantil mata las posibilidades del adulto que uno puede ser. 

          De esta manera uno sigue intentando completarse en vez de asumir - Y ese es el verdadero paso a la adultez - que no se puede ser completo; por eso las adicciones, por eso una jugada más en el casino, por eso un poco más de droga, comprarme algo más, por eso pedir como un niño/a lo que uno no puede darse como hombre/mujer. Por eso reclamar al otro como si se mantuviese la ilusión de que Walt Disney existe. 

          Siempre se sufre al atravesar esto de la castración, pero es en la infancia donde este pasaje se puede hacer de forma más o menos traumática, o sea que la forma de como se le ensene al infante la realidad va a condicionarle como la perciba. Por ejemplo un padre que rehusa la castración posiblemente le hará mirar al niño al mundo como hostil. El miedo del padre se colará en el hijo de forma inconsciente. 

          De esta forma uno se encuentra después con adultos vacíos que no son capaces de entusiasmarse con el mundo, que ven todo gris, no saben que hacer en la vida porque nada les interesa, nada les llena (como ellos dicen). El problema es que nada del mundo de los hombres les va a llenar como eran llenados de niños, Así es lógico que estén a disgusto con todo, no pudiendo aprovechar las posibilidades que les da el mundo para ser felices por avanzar mirando hacia atrás en una posición melancólica sin poder ver los colores de la vida por estar buscando un color que no existe.


Luís Martínez de Prado.
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Foto: La pareja de baile: J.T. y Robert

domingo, 23 de julio de 2017

Herederos II



             
               Como veníamos diciendo en Herederos I, el problema es que muchas veces esos padres que no quieren revivir en los hijos lo sufrido en carne propia, es que les quieren ofrecer esos objetos que les faltaron a ellos, un piso, el pago de una carrera, unMáster, etc... Pero esto habla más de la falta de los padres, no la de los hijos, que vienen con su falta y que nadie puede taparsela porque eso es justamente la falta, algo que no se tapa.

          Si reciben los objetos sin el aprendizaje que les permite valorarlos no podrán aprovecharlos y no sólo eso, sino que no podrán mantenerlos. Corren el peligro de pensar que todo eso, como niños, les corresponde, pero siendo adultos no entenderán a uno le corresponde lo que se construye, que si bien esos objetos pueden ser parte de esa construcción, su vida sólo pueden tejerla ellos caminando a través de su deseo. La fuerza de la angustia paterna que está detrás de esto que recibe el "heredero" puede hacer que incluso los objetos dados se conviertan en obstáculos para descubrir el deseo propio, o que la angustia ajena tape la boca al sujeto. "Es importantísimo poder poseer un piso", "Es indispensable tener una carrera y un Máster", se pueden posar en su discurso como propios siendo frases de ese otro que está hablando por él y que paradójicamente distorsionan incluso su visión de la importancia de la formación o sus planes de vida.

          Por eso viene tanta gente a consulta aludiendo no saber algo que en realidad llevamos puesto, el propio deseo, habiendo pasado la vida sabiendo más de lo que quiere el orto de ellos que de lo que ellos quieren. Así nos encontramos gente estudiando carreras sin saber porqué y en muchos casos sin poder terminarlas, desperdiciando años o acabándolas y no ejerciendo nunca de aquello que estudiaron, pagando cantidades grandes de dinero por Másters y especializaciones que nunca capitalizan, pagando pisos en los que no quieren vivir o sin vivir siquiera en ellos sin cuidar eso que les dieron pensando el dador que les quitaría su falta. 

          No me sorprende que muchas personas que heredaron pisos carísimos en el centro de las ciudades de sus padres o abuelos los alquilen sin haberlos cuidado en absoluto, en ocasiones sin haber cambiado nada, como si no fuesen dueños de ello, como si el que les tapó la boca dándoselo (no intencionadamente pero sí como consecuencia de no analizar su angustia) no les heredase la posibilidad de hacerse cargo de ello, como si nunca se lo hubiese dado y esa personalidad que hay en el piso no sea la del hijo/nieto sino la suya aún y haya trascendido a través del heredero que lo perpetúa en un objeto al que su deseo no pudo ponerle la palabra propia.

          Lo triste de esto es que es muy probable que la persona no sólo no podrá valorarlo y disfrutarlo sino que estará condenado a perderlo y sólo ahí podrá valorar el esfuerzo de las cosas. Esto nos dice que heredar objetos sin heredar la libertad y valores para poder utilizarlos no sirven de impulso sino de lastre.


Luís Martínez de Prado.
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