Quiero empezar mi psicoanálisis

domingo, 23 de julio de 2017

Herederos II



             
               Como veníamos diciendo en Herederos I, el problema es que muchas veces esos padres que no quieren revivir en los hijos lo sufrido en carne propia, es que les quieren ofrecer esos objetos que les faltaron a ellos, un piso, el pago de una carrera, unMáster, etc... Pero esto habla más de la falta de los padres, no la de los hijos, que vienen con su falta y que nadie puede taparsela porque eso es justamente la falta, algo que no se tapa.

          Si reciben los objetos sin el aprendizaje que les permite valorarlos no podrán aprovecharlos y no sólo eso, sino que no podrán mantenerlos. Corren el peligro de pensar que todo eso, como niños, les corresponde, pero siendo adultos no entenderán a uno le corresponde lo que se construye, que si bien esos objetos pueden ser parte de esa construcción, su vida sólo pueden tejerla ellos caminando a través de su deseo. La fuerza de la angustia paterna que está detrás de esto que recibe el "heredero" puede hacer que incluso los objetos dados se conviertan en obstáculos para descubrir el deseo propio, o que la angustia ajena tape la boca al sujeto. "Es importantísimo poder poseer un piso", "Es indispensable tener una carrera y un Máster", se pueden posar en su discurso como propios siendo frases de ese otro que está hablando por él y que paradójicamente distorsionan incluso su visión de la importancia de la formación o sus planes de vida.

          Por eso viene tanta gente a consulta aludiendo no saber algo que en realidad llevamos puesto, el propio deseo, habiendo pasado la vida sabiendo más de lo que quiere el orto de ellos que de lo que ellos quieren. Así nos encontramos gente estudiando carreras sin saber porqué y en muchos casos sin poder terminarlas, desperdiciando años o acabándolas y no ejerciendo nunca de aquello que estudiaron, pagando cantidades grandes de dinero por Másters y especializaciones que nunca capitalizan, pagando pisos en los que no quieren vivir o sin vivir siquiera en ellos sin cuidar eso que les dieron pensando el dador que les quitaría su falta. 

          No me sorprende que muchas personas que heredaron pisos carísimos en el centro de las ciudades de sus padres o abuelos los alquilen sin haberlos cuidado en absoluto, en ocasiones sin haber cambiado nada, como si no fuesen dueños de ello, como si el que les tapó la boca dándoselo (no intencionadamente pero sí como consecuencia de no analizar su angustia) no les heredase la posibilidad de hacerse cargo de ello, como si nunca se lo hubiese dado y esa personalidad que hay en el piso no sea la del hijo/nieto sino la suya aún y haya trascendido a través del heredero que lo perpetúa en un objeto al que su deseo no pudo ponerle la palabra propia.

          Lo triste de esto es que es muy probable que la persona no sólo no podrá valorarlo y disfrutarlo sino que estará condenado a perderlo y sólo ahí podrá valorar el esfuerzo de las cosas. Esto nos dice que heredar objetos sin heredar la libertad y valores para poder utilizarlos no sirven de impulso sino de lastre.


Luís Martínez de Prado.
Psicólogo / Psicoanalista / Formador.

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domingo, 9 de julio de 2017

Herederos I


                  

          Los hijos para los padres también son una prolongación de su propio narcisismo, lo que le dan, de alguna manera se lo dan a ellos mismos también, es como el muñeco o la muñeca para el niño, que les viste desde su fantasía y esa fantasía es la que viven esos muñecos y no otra que la que el niño plantea para ellos. Los padres hacen lo mismo, desde el momento en que fantasean eso de: "Cómo serán mis hijos". Entonces algo (que es mucho) hay en los hijos que satisface algo de los padres (muchas veces inconsciente también), como un avatar de ellos mismos. Esto es necesario para que los hijos se inserten en la realidad pero a veces también les inserta de una manera que paradójicamente les impida su asiento en la realidad, de forma que eso que decía que se satisface de los padres en los hijos atenta contra el propio narcisismo y la propia vida de los hijos. No obstante, recordemos: "El psicoanálisis no echa la culpa a los padres."

          Los padres, evidentemente no quieren repetir en los hijos las penurias que han sufrido ellos (Ver: Jóvenes perdidos). Si ellos desearon tanto algo, tanto como lo que se desea lo que no se pudo conseguir, van a querer que los hijos lo tengan, si hay algo que les costó muchísimo conseguir, quieren que ellos lo tengan fácil. Aquí hay varios problemas, primero que, como cae de la propia frase, lo que se consigue no se valora igual que lo que no se consigue, y lo que se consigue fácil no se valora igual que lo que se consigue difícil. Es decir, que estos hijos no van a poder valorar de la misma manera lo de los padres porque no tienen la misma posición en una escena que tampoco es la misma. Aquellos padres pensarán: "Si hubiese podido estudiar aquella carrera podría haber llegado mucho más lejos, pero con18 años tenía que trabajar y no pude estudiar, pero si mi hijo tiene la posisbilidad de hacerlo podrá llegar donde yo no pude (podré llegar donde siempre he querido a través de él) y le daré (me daré) todo lo que haga falta para conseguirlo. El problema que la realidad de los padres no es la misma que la de los hijos como si fuera una partida de cartas donde las valencias de las cartas cambian según la escena y lo que eran ases para los padres sean treses para los hijos. Es que en la vida cuando se consigue el as ya no vale como un as porque el deseo siempre es deseo de otra cosa.

          Los padres siempre van a querer "eso" para los hijos, pero muchas veces no se dan cuenta de que ese "Eso", traducido a la realidad de los hijos sería darles lo que ellos puedan para que ellos puedan manejarse en su escenario y en su realidad desde su libertad, la cual la van a construir con las herramientas que los padres le han dado y esas herramientas las combinarán para generar nuevas herramientas que les ayuden en su empresa, y después les heredarán a sus hijos éstas para que ellos construyan algo nuevo, que no podrá ser lo mismo, y esto es lo importante a entender por los padres, que lo que los hijos construirán será siempre otra cosa y ellos tendrán que aprender que aunque ellos vean treses o cuatros, si los hijos consiguen manejar su libertad y realizarse, para ellos serán ases y reyes y los habrán construido también gracias a ellos.

          Seguiremos con este tema en: Herederos II


Luís Martínez de Prado.
Psicólogo / Psicoanalista / Formador.

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jueves, 6 de julio de 2017

Gozando de la queja



McEnroe reclama al juez Ted James en la primera ronda de Wimbledon de 1981. Fuente: El Mundo.
                  
           Seguro que todos conocemos personas que constantemente se quejan de todo. Son infinitamente más rápidos en señalar lo malo que lo bueno y vagan como detectives intentando criticar aquello que no está bien.

           Cuando algo es desproporcionado a uno le hace sospechar y como psicoanalistas sabemos de un concepto que es el goce inconsciente, que algo, por más que conscientemente no nos haga bien, por dentro, algo se satisface en el inconsciente, así se entienden adicciones a las drogas, al maltrato, a escenas donde no estamos bien, etc...

          Al ver a estos adictos a la queja uno se pregunta: "¿Y si no tuviese de qué quejarse? Se angustiaría". Esa es la sensación que da, que el goce de la queja es tan fuerte que la persona a lo que no puede renunciar es a la queja en sí. La propia pulsión a la queja crea objetos y situaciones donde el sujeto tiene la necesidad de reclamar algo una y otra vez, es decir, crea lo mismo de lo que se queja y vive insatisfecho reclamando una y otra vez esa insatisfacción.

          Se apoyará por supuesto en elementos de la realidad, o sea que son reales, para quejarse y a ojos superficiales estará justificado. Reclamará contra el gobierno, contra el presidente, contra los jefes, contra la publicidad, contra el capitalismo, contra los compañeros, contra, contra.... contra el Otro. Exacto, nunca se reclamará nada a él mismo, los objetos de la queja funcionarán como los objetos fóbicos, como un enlace falso para proteger otro objeto, él mismo, preservando así su narcisismo y su infantilidad. Es que son los niños los que se quejan y los adultos los que hacen algo porque saben que ya no son niños y no por llorar vendrán papá y mamá a arreglar lo que funciona mal.

          Quejarse en este caso es una forma de no hacerse cargo, se quejará de la economía pero no aprovechará una oportunidad que se le de, se quejará de que no hay trabajo pero no buscará un futuro mejor, no moverá un dedo en alcanzar eso que tanto reclama al otro, eso que le haría bien. Seguramente conseguirá que los otros le avalen la queja porque usará cosas que realmente estén mal, pero a ojos más suspicaces se notará que tanto pone el foco en lo malo que también la energía se irá hacia ese objeto y no a ninguna manera de estar mejor. Está mirando a lo que le satisface como cuando uno no puede quitar los ojos de la persona amada, porque la ama, porque ese mirar le produce satisfacción. En el momento en que no encuentre en la realidad de qué quejarse lo buscará en la fantasía, que la verdadera líder desde el principio gozando de liberarse de no hacerse cargo de lo que le pasa y tratando de cumplir la fantasía infanto-perversa de que le cambien el pañal sucio toda la vida.

          Una de las cosas que se ven en consulta es como se cambia el foco de los otros a uno mismo, no por nada activa tantas resistencias. Y es que se desenmascara que detrás de los objetos está la queja que uno no puede hacerse a uno protegiéndose de la propia furia del superyó y desplazándolo fuera. No entienden aún que no han hecho crimen para merecer autodestruirse ni hace falta tanto teatro para disimularlo.


Luís Martínez de Prado.
Psicólogo / Psicoanalista / Formador.


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lunes, 3 de julio de 2017

Enfermos del yo I

"Paradójicamente cuando uno se adentra en el psicoanálisis se da cuenta de que no venimos enfermos del inconsciente sino del yo."

Luis Martínez de Prado.

          
          A pesar de que el psicoanálisis puede considerarse uno de los padres de la psicología, actualmente no es escuchado, vemos como las corrientes actuales se hacen preguntas y se pierden al intentar responderlas, o peor, las responden.., sin tener en cuenta la óptica que el psicoanálisis si estudió, empezando por la proeza que hizo Freud de estudiar el inconsciente desde el propio inconsciente, es decir siendo un sujeto determinado por su propio inconsciente.

          Justamente, valga la redundancia, de eso se dio cuenta, de que los sujetos de la cultura somos sujetos por el inconsciente y que el yo está podríamos decir, a su servicio. Es decir, que para "curar" tenemos que partir de esa base porque sino no estamos en el plano adecuado. Pero esto se perdió hasta que lo recuperó Lacan, y una de los exponentes de una psicología que daba un papel más importante al yo fue la propia hija de Freu, Anna freud, seguida de otros muchos como Erich Fromm, Erik Erikson etc... (Autores importantes para el estudio de la psique a pesar de todo esto) cuando el psicoanálisis se volvió más comercial en EEUU como si el capitalismo estadoinidense transformase todo lo que toca en algo vendible, guay, comercial... ahora el psicoanálisis molaba. Esta es uno de los ganchos que les imprimió Lacan, que sí se encargo de recuperar las teorías de freud: "Lo que Freud introdujo a partir de 1920 son las nociones suplementarias entonces necesarias para mantener el principio del descentramiento del sujeto. Pero lejos de hbérselo comprendido como debía, hubo una avalancha general, verdadera liberación de colegiales. ¡Ah, el buen yo otra vez con nosotros! ¡Qué alivio, volvemos a los caminos de la psicología general!... Fue una alegría poder creer nuevamente que el yo es central. Y, como su más reciente manifestación, tenemos las geniales lucubraciones que en este momento nos llegan de ultramar.
          
           El señor Hartmann, querubín del psicoanálisis, nos anuncia la gran nueva, después de la cual podremos dormir tranquilos: la existencia del ego autónomo. A este ego, que desde el inicio del descubrimiento freudiano siempre fue considerado conflictivo, que incluso cuando se lo situó como una función vinculada a la realidad nunca dejó de ser tenido por algo que, al igual que ésta, se conquista en un drama, a ese ego de pronto nos lo restituyen como un dato central. ¿Qué necesidad interior satisface el hecho de decir que en alguna parte tiene que haber un autónomo ego? Jaques Lacan, 1978.

          Evidentemente, a todos nos angustia la idea de ser determinados por el inconsciente y como la ciencia, a pesar de lo que algunos crean, no es objetiva, también el inconsciente se cuela y se trata de ver el mundo (y demostrarlo) como se quiere que el mundo sea. 

          Así aparecen actualmente numerosas tendencias que tratan de desbancar al inconsciente por ese yo al que tratan de dar fuerza, de condicionarlo de programarlo linguisticamente, basando los tratamientos en un refuerzo narcisista de la persona para que "todo lo pueda". En su propio narcisismo no entienden que la persona viene enferma de eso, de narcisismo, como todos, que el paciente viene a consulta un niño que llora porque lo tuvo todo y ahora se tiene que castrar y asumir su falta, que no, no es perfecto como mamá y papá le hicieron creer y no, no todo lo puede, poderlo todo es sólo un mensaje perverso que hace que en esta sociedad infantilizada se riegue la fantasía de niño de sus sujetos y después choquen contra la realidad y se angustien, sintomaticen y se suiciden. Esto impide lo más importante, que es lo que todo adulto entiende al madurar: que no lo es todo, que no vale todo y que no puede todo y de esta forma puede hacer algo, ser alguien y hacerse valer.

          Pero entre consumo, delirio y psicofármacos nos encontramos con jóvenes de 30 años sin trabajo y sin ganas de nada que se deprimen y/o se suicidan, hijos teniendo hijos sin querer renunciar a su posición, personas que dicen "No sé lo que quiero, no hago nada porque nada me gusta, etc..." ¡Claro! Es que nada les va a reportar lo que les daba mamá cuando eran bebés. y así, mientras miran a las musarañas pensando que el universo les dará lo que pidan lo pierden todo, porque ya no son niños, sólo en su cabeza y la realidad no perdona.


          Pienso que a través de un análisis uno puede dejar de llorar por no ser el niño deseado que fue y empezar a desear y a construir algo como adulto que pueda disfrutar, esa quizá sea una definición de felicidad.

Luís Martínez de Prado.
Psicólogo / Psicoanalista / Formador.


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jueves, 29 de junio de 2017

La maldad negada del hombre

El primer humano que insultó al enemigo en vez de tirarle una piedra fue el fundador de la civilización.

Sigmund freud.


          Desde la antigua Grecia los hombres se han preguntado sobre la maldad humana, centíficos, no científicos, psicólogos, filósofos, etc... Hoy en día parece que se hacen las mismas preguntas, suelo escuchar / leer en libros, programas de TV, experimentos cuestiones como: ¿Cuál es la naturaleza del ser humano? ¿El hombre es bueno o malo? ¿Hay personas que sean puramente malas? ¿Qué hace malo a un hombre? ¿Se puede convertir a un hombre bueno en malo o viceversa?

          Para mí y entiendo que para muchos psicoanalistas estas preguntas no son las preguntas correctas. Muchas veces me encuentro que justamente lo que diferencia a los psicólogos cognitivo-conductuales de los psicoanalistas son las preguntas que se hacen. Como dice el psicoanalista Marcelo Augusto Pérez: "Los psicólogos se preguntan por qué la gente se separa, los analistas nos preguntamos por qué se juntan." 

          Han sido muy difundidos experimentos como el experimento de Milgram, el de la Cárcel de Stanford de Phillip Zimbardo o el que se plasma en la película de: "La ola", también llevada al teatro. Sin embargo no creo que si estos experimentos se practicasen hoy en día dieran resultados diferentes a los originales.

          El experimento de la cárcel de stanford se hizo diez años después que el de Milgram, pero ante ambos resultados yo lo primero que me pregunto es: "¿de qué se sorprenden? Es como asombrarse de lo que sucedería al meter a un hombre en la jaula de un tigre que lleva días sin comer.

          ¿Nos dicen estos resultados algo de la naturaleza del hombre? ¿Que es bueno o malo? Como decía antes, creo que son las preguntas equivocadas a preguntas que Freud ya estudió hace más de cien años y comprobó en directo lo que el hombre era capaz de hacer.

          Yo no hablaría entonces del hombre como malo o bueno sino como un animal sin cultura que ha evolucionado a un ser cultural (de la civilización). ¿Qué significa esto? Que los animales salvajes (logrados) no son ni buenos ni malos, no son sádicos ni altruistas, sólo les interesa su satisfacción, traducida en términos de supervivencia y reproducción. Tienen instinto y por lo tanto un saber de como satisfacerse. El hombre antes de ser hombre y estar atravesado por el lenguaje, o sea, el animal, también quiere satisfacerse y punto, no le importa nada más. Cuando el hombre empieza a tener en cuenta a un otro y le tiene que hablar, tiene que renunciar a parte de sí mismo para ceder ante ese otro al que habla y hacer perdurar una comunidad. esta renuncia a parte de sí mismo es el freno que la cultura pone a las pulsiones del humano, lo que inherentemente le genera un malestar.

          Con esto queremos decir que el hombre en cuanto habla enferma, en cuanto quiere conectar con otro u otros va a sufrir una renuncia a su propia satisfacción y como decía freud será, en el mejor de los casos, neurótico (que padece del sistema nervioso = la cuota de insatisfacción que sufre le enferma) y sino perverso o psicótico.

          Pero todo neurótico es un perverso frustrado porque la neurosis es un punto de llegada, es decir, todos venimos de ser ese animal que quiere satisfacerse totalmente y que no le importa nada más, porque el bebé de la moral no entiende nada y el niño esun perverso polimorfo. Así tiene que ser puesto que el niño es uno con la madre y es amado y premiado por su mera existencia. es a través del nombre del padre como agente cultural cuando interioriza que en comunidad tiene que ceder y no satisfacerse del todo en pos de la comunidad, en pos de otros. Nadie quiere entender que tiene que ser expulsado del paraíso y luchamos contra eso toda la vida. El neurótico vive peleando contra la realidad pero se castra y se aguanta, no así el perverso que niega esta norma cultural e intentará satisfacerse a costa de lo que sea. a este perverso le medirán neurológicamente y verán que donde una persona "normal" tiene la empatía él no tiene nada y dirán: ¡Es genético! No, simplemente no llegó a ser neurótico. Algo en su atravesamiento del Edipo pasó, en su introducción en la cultura. Su estructura tendrá una lógica con su historia, el problema que no suelen ir a analizarse y que no tiene cura, no tiene cura porque no es una enfermedad, es una estructura. 

          Lo que se entiende entonces por "Hombre malo" es un perverso pero lo que no se quiere saber es que hay un perverso dentro de cada hombre y una pulsión, que es la de muerte (la desarrollaremos en otro escrito) que si se quitan los frenos de la cultura puede abrirse paso incluso casi pura, esto es lo que pasó en los experimentos que comentaba al principio pero también en las prisiones de Guantánamo y Abu Ghraib, en las guerras en los altos mandos de la Unión soviética comunista (Leer: rebelión en la granja de George Orwell).

          Como explicaba en el escrito: Matar la pulsión de muerte mata y en: Pulsión de muerte: Una mirada desde Eros, negar lo que es el humano, negar en general hace que nos choquemos justamente con lo que se niega porque no lo podemos ver ni prever. Queremos sacarnos la maldad de encima pensando que la contienen otros que están genéticamente determinados con los que no nos identificamos, así pensamos: "Si ellos son genéticamente malos yo soy genéticamente bueno", pero después nos encontramos con que en cuanto uno ocupa posiciones de poder se corrompe, pasa de sometido a sometedor, de maltratado a maltratador. Así los sistemas económicos y políticos fallan una y otra vez. es una pena que los psicoanalistas no estén trabajando conjuntamente y ecuánimemente con sociólogos, antropólogos, abogados, jueces, etc... En vez de eso se habla de "la naturaleza del hombre" cuando el hombre no tiene nada de natural, es un ser cultural.

          Si estás leyendo esto y estás pensando que quizá eres un perverso ten en cuenta que una cosa es la estructura perversa y otra cosa es tener síntomas perversos. por ejemplo un neurótico puede parecer un perverso estructural pero serlo sólo de forma sintomática, cosa que se puede tratar en un análisis.

Luís Martínez de Prado.
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domingo, 25 de junio de 2017

El psicoanálisis no echa la culpa a los padres


 









"De nuestra posición de sujetos somos siempre responsables."

Jaques Lacan.



          Hace años me hicieron una crítica sobre el psicoanálisis, que como muchas otras que he escuchado, habla más del desconocimiento del tema que de algo objetivo. Me dijeron: "A mi no me gusta el psicoanálisis porque echa la culpa a los padres en vez de darle un lugar al sujeto." 

          Nada más lejos de la realidad el psicoanálisis existe porque parte de que una persona puede estar mejor. Lo puede estar porque él y no los padres ni el analista hace algo por él. En mi otro escrito: Cuánto le interesa el pasado al psicoanálisis, dejamos claro que somos nuestra historia, que en la infancia se está formando nuestro aparato psíquico y se está posicionado en una escena familiar que nos determina (Ver: Somos como nos quisieron). Evidentemente hay escenas y amores muy patológicos que van a marcar a la persona y algo de eso se va a llevar para siempre. Freud se encontró con eso cuando empezó a decir a los pacientes: "Le escucho", le hablaron de la infancia, de los sueños, etc, y ahí se dio cuenta de que el discurso del síntoma venía a decir algo de un pasado que no se podía olvidar sino reprimir, pero que el afecto de eso reprimido volvía y se enlazaba con lo que no era. O sea que una obsesión por el orden venía de intentar controlar, por ejemplo, el temor a lo sexual y que una fobia a un objeto ocultaba a otro.

          En ese pasado, los personajes principales son, obviamente, los padres o figuras primordiales. Y sí, en tanto que somos el deseo de ellos estamos condicionados por esa escena a la que nos traen. Es fácil encontrarnos entonces en la consulta pacientes que al darse cuenta de esto se enganchan en culpar a los padres.

          En este punto es importante entender que una de las cosas que sucede en la terapia es que uno consigue saber un poco más de quién es, aceptarse y conocerse. Cuando hablamos de: Asumir la falta, nos referimos a esto. pero conocerse implica también entender que los otros también son sujetos en falta y también están sujetos a su historia. Entender a los padres, bajarlos del pedestal bueno o malo en el que les pusimos de niños es justamente pasar a una posición adulta y asumir la falta y la incompletud nuestra y la suya, eso es matar al padre (otra expresión del psicoanálisis que a veces no se entiende). Matar al padre es también matar al niño que presiona al padre para que sea como él lo fantasea.

          Decía Lacan que de nuestra posición de sujetos somos siempre responsables y Sartre decía que somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros. Eso quiere decir que cada uno hace con su falta lo que puede pero que se puede hacer mucho, que no todo (esto ya sería una fantasía perversa.

          Pasar por un análisis (aunque cada uno es diferente) lleva a entender que uno es responsable de sí mismo y que su historia determina su pasado pero no su futuro. Si sólo sirviese para echar la culpa a los padres estaríamos hablando de que sólo podemos diagnosticar hacia atrás y de que el sujeto está condenado. Como digo siempre el análisis es justamente para liberarse de la repetición y para que tu pasado no se convierta en tu futuro, abandonando eso sí, la posición infantil del niño que culpa a sus padres. de ahí que lleve a muchas reconciliaciones y no sólo, que también, a aprender a protegerse del otro. Aprender también que a veces a uno le toca el duro papel de estar por encima de su historia familiar y salvarse él del síntoma y entender que uno cuando sea padre/madre también refractará lo suyo en sus hijos. Quizá mejor que culpar sea analizar que le pasa a uno para no repetirlo hacia adelante con sus hijos.




Luís Martínez de Prado.
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Arte: Mano con esfera reflectante. Escher. Enero de 1935. 

jueves, 15 de junio de 2017

Te falta mi falta



          En una sociedad infantilizada como la actual (perversa polimorfa) nos encontramos, como no, con la defensa de eso infantil a lo que no se quiere renunciar y que el propio contexto fortalece autorizando la, cuanto menos loca fantasía de: "Todo se puede". No pueden, en este caso, sorprendernos conductas como esta de la que vamos a hablar, que sin ser psicoanalistas uno ve en lo cotidiano.

          Uno de los rasgos que diferencia al infante del adulto es que se hace cargo de su falta, de ese agujero del que hablamos los psicoanalistas al que está condenado el humano en la cultura (civilización). Sólo con esta frase este escrito ya choca de bruces contra esa fantasía de la que hablaba antes y levanta resistencias aquí y allá. Lo malo de la fantasía es que también se choca de bruces contra otra cosa tan rechazada como la realidad; ese golpe es más fuerte y aparece la angustia, la angustia provocada por aquello de lo que el sujeto no se hizo cargo. Es ahí, normalmente cuando el paciente acude a consulta...

          Evidentemente los sujetos de una sociedad infantilizada (no todos) no desarrollan herramientas para hacerse cargo de su falta, de su angustia, de sus decisiones, de su vida, etc.., en definitiva de ser adulto. 

          Como parásitos, tratan de ejecutar lo que el sistema les prometió (estafó) con el mensaje de "Tú, todo lo puedes", paradójicamente por ir en contra de la realidad y vivir en su walt disney particular no lo pueden nada y todo les puede. Entonces se trata de que la falta la pague el Otro, ¿Quién es el Otro con mayúsculas? Todo otro en el que se deposita que lo puede todo como el papá que dispone siempre en la fantasía de un niño pequeño.

          Que mis padres paguen, que mis amigos me den porque lo necesito, que se aparte ese coche porque llego tarde, que mi infracción la pague el otro, que el médico me cure, que mi casa me la de el gobierno, que yo no puedo...que me dijeron que todo se podía. Así nos encontramos sujetos gozosos y gozantes de la queja, la súplica y el sometimiento que no pueden acceder a ser reyes porque no están dispuestos a renunciar a ser príncipes.

          Nos encontramos esto en las consultas, donde también se nos demanda ser amos del otro y, obviamente lo esquivamos como podemos, con arte, en vez de acceder a la petición enfermante de mentirle al sujeto y decirle quien es con test y diagnósticos. Más bien tratamos de que en su discurso aparezca quien sí puede ser y él nos diga y demuestre, desde su deseo que el discurso de "yo no puedo" estaba en su boca pero no en su corazón, no era suyo sino de ese Otro que le da para que no se, justamente, un sujeto de su historia que decidió que su pasado no se convertiría en su futuro.

Luis Martínez de Prado.
Psicólogo - Psicoanalista - Formador


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